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Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

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Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Miér 10 Nov 2010, 14:40

Bueno, tras consultar otras opiniones sobre su posible interés, abro éste hilo para que, sin prisa alguna, se convierta en una sucesión de relatos, recuerdos y vivencias que nuestros mayores nos hayan contado y recordemos sobre aquellos terribles años, que también hago extensibles a la inmedianta posguerra, que para mucha gente fue aún peor. Cualquier anécdota cotidiana es interesante y será bienvenida; a veces en las historias más pequeñas, en el cotidianismo, hay más interés que en cualquier acción bélica grandilocuente.

Obviamente, tendrá más interés si, de un modo u otro, está relacionado con nuestra ciudad, pero no ha de ser un requisito necesario; por ejemplo un familiar de aquí que le hubiera pillado el conflicto fuera, u otras personas en distintos puntos de la Región. Todo tendrá su interés.

NO es un hilo para debatir sobre la guerra y sus causas. Quede claro.

¡Haced memoria!
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Miér 10 Nov 2010, 16:37

Buena idea, Sauron.

Comenzaré por el principio.

JULIO DE 1936

Mis abuelos maternos formaban una pareja bastante singular, políticamente hablando.

Ella era hija, nieta y bisnieta de Alcaldes de Torrevieja. Había mamado la cultura del caciquismo desde antes de nacer, y toda su familia era monárquica y conservadora.

El era gurriato (para quien no lo sepa, es el gentilicio de los nacidos en El Escorial), y conoció a mi abuela por casualidad. Era Ingeniero de Caminos y le encomendaron un trabajo en las Salinas de Torrevieja... Pero eso no tiene nada que ver con la Guerra Civil, y ocurrió algunos años antes. Lo que quería decir es que era republicano convencido, fundador de un partido de izquierdas y defensor a ultranza del juego democrático.

Nunca discutieron ni se enfrentaron por cuestiones ideológicas. Nunca.

El 18 de Julio, sábado, les pilló en Torrevieja, adonde habían acudido a solucionar temas de administración del patrimonio familiar, ya que los padres mi abuela habían fallecido.

Sus dos hijas se encontraban en Madrid, junto al hermano de mi abuela y las dos personas que tenían de servicio, Lucía y Carmen. Mi abuela opinaba que lo mejor era que los cinco que estaban en Madrid se desplazaran a Torrevieja, a todas luces más segura que la capital. Mi abuelo, en cambio, sabía que su deber era regresar a Madrid inmediatamente.

No podía esconderse. Y no lo hizo. Convenció a mi abuela diciéndole que la revuelta sería sofocada en poco tiempo, gracias a la ayuda internacional. Gran Bretaña y Francia no podían dar la espalda a España.

El lunes, 20 de Julio, cogieron un tren en Alicante con destino a Atocha. Mi abuela, señora hasta el día de su muerte, iba elegantemente vestida. Llevaba un gracioso sombrero muy a la moda, que denotaba ser carísimo. Su cuñado Joaquín, también fundador y militante de aquel partido de izquierdas, al igual que el hermano mayor, Paco, y mi abuelo, Pepe, fue a recogerles a la estación. En cuanto bajaron del tren, se le descompuso la cara y se abalanzó sobre el sombrero de mi abuela.

-"Pilar, ¿cómo se te ocurre venir así?¡Estás loca!"

Le arrancó literalmente el sombrero de la cabeza, y lo escondió debajo del abrigo. Ante la cara de susto de mis abuelos, mi tío Joaquín les contó que era peligroso hacer ostentación de riqueza, y que llevaran mucho cuidado al salir a la calle...

Desde ese mismo instante, mi abuela comprendió que aquello iba a ser mucho más grave de lo que le había intentado hacer creer mi abuelo.

Continuará...
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por angelvel el Jue 11 Nov 2010, 08:49

Si queréis ver algo interesante leeros la entrada a este foro sobre el Castillo de Olite. Es impresionante, sobre todo el séptimo post.

http://guerracivil.forumup.es/about2525-0-asc-0-guerracivil.html
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Invitado el Jue 11 Nov 2010, 10:57

Fernando escribió:

Comenzaré por el principio.

JULIO DE 1936

Mis abuelos maternos .......

Continuará...

No tardes mucho en continuar, me has dejado......, tiene toda la pinta de ser muy interesante, lo mejor es que es una historia real y no una novela.

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Invitado el Dom 14 Nov 2010, 21:30

A mí también me gusta escuchar experiencias de primera persona, Fernando. Y espero, como dijo Paquico, que no tardes mucho en continuar.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Dom 14 Nov 2010, 22:01

Fernando escribió:Buena idea, Sauron.

Comenzaré por el principio.

JULIO DE 1936

Mis abuelos maternos formaban una pareja bastante singular, políticamente hablando.
...

Desde ese mismo instante, mi abuela comprendió que aquello iba a ser mucho más grave de lo que le había intentado hacer creer mi abuelo.

Continuará...

Esto es saber escribir y lo demás son tonterías. Por favor, sigue cuando dispongas.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Antonio el Dom 14 Nov 2010, 22:25

La historia de mi tío abuelo la podeis encontrar en el libro Los Topos de Manu Leguineche.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Lun 15 Nov 2010, 13:26

VERANO DE 1936

Los primeros meses de la Guerra fueron muy intensos, Madrid era un auténtico caos. Mi abuela no podía concebir tanto horror, y mi abuelo comprobaba cómo lo que él creyó un sueño se iba convirtiendo en pesadilla.

Es cierto que la tensión política existente en toda España era insostenible, especialmente desde Febrero de ese mismo año. Asesinatos, peleas, quema de inmuebles (no sólo iglesias, también sedes políticas, asociaciones o centros culturales de distinto signo), amenazas, discursos políticos espeluznantes... Pero todo se multiplicó cuando comenzó la Guerra. Mi abuelo Pepe era un republicano convencido, pero también un pacifista nato. No entendía cómo se le pudo escapar el control de la situación a su venerado Azaña, Presidente y correligionario de Izquierda Republicana. Todas las esperanzas puestas en una España diferente, democrática y abierta, se iban -una vez más- por el desagüe de la irracionalidad. De unos y de otros.

Mi abuela ya no pudo asistir a misa en el Convento de la Encarnación, como hacía de costumbre. Y no fue por miedo, que lo tenía, sino porque el culto fue suspendido "sine die" en todas las parroquias de Madrid.

Por otra parte, no era seguro tener nada de valor en casa, estabas expuesto a que te lo requisaran "por el bien de la República". Así que mi abuela cogió todas las joyas que había heredado de su madre y las llevó al Banco de España. "Señora, todo esto vale una fortuna", le dijo el funcionario del Banco que la atendió. "Lo sé, es el seguro de subsistencia de mis hijas, por si esto va a peor. Por eso lo traigo". Aquella noche durmió un poco más tranquila.

La situación económica de mis abuelos era buena, y vivían en un buen barrio. El era funcionario, Ingeniero del Ayuntamiento de Madrid, y además regentaba (junto con sus hermanos y su padre) la mejor academia técnica de Madrid, la Academia Cantos. Fundada en 1916, se había convertido en la más prestigiosa institución privada preparatoria para el ingreso en cualquier escuela de ingeniería o arquitectura. Vivían de alquiler en un elegante piso en la Calle Encarnación número cuatro, en la segunda planta. Todo el edificio era propiedad de los Marqueses de Bédmar, que vivían en el "principal".

Ser republicano y de izquierdas no era incompatible con vivir bien. Ni con compartir vecindario de derechas y monárquico, como eran la mayoría en aquel edificio.

Hasta que estalló la Guerra. Las milicias hacían auténticos estragos en las constantes batidas que realizaban en busca de seguidores del levantamiento fascista. Mis abuelos tuvieron que esconder en su casa a varios vecinos, durante varios registros. Entre ellos, a la familia Ramos (vecinos del mismo rellano), los propios marqueses de Bédmar y al general retirado López Antequera (nieto del pintor Antonio López). El hijo mayor de los marqueses, Don Alonso Heredia (futuro Marqués de Bédmar, Prado y Escalona, además de Conde de Obedos y Gramedo) fue detenido por las milicias... Mi abuelo hizo las gestiones oportunas para que lo soltaran, y lo consiguió. La marquesa, señora orgullosa a la que le costaba incluso saludar, se puso de rodillas delante de mi abuelo y le dijo:

"Pepito Cantos, nunca olvidaré lo que has hecho por nosotros. Algún día te recompensaré".

Con lágrimas en los ojos, toda la familia de los marqueses huyó de Madrid, a una zona más segura. No regresaron hasta que acabó la Guerra. Pero aquella promesa pronto la olvidó.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Lun 15 Nov 2010, 15:54

¡Qué interesante Fernando!. Dios santo, cómo me han recordado mucho de lo que dices a la historia de mis abuelos (maternos) que también pasaron parte de la guerra en Madrid, y que contaré en breve.

Antonio, cuéntanos tú mejor lo que sepas, siquiera de manera sucinta.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Lun 15 Nov 2010, 21:47

Años duros para todos y seguramente lo fueron más para los más débiles. ¿Cómo debían ir las cosas en, por ejemplo, La Casa del Niño de Cartagena? supongo que mal y con apreturas. Gracias a Dios existen testimonios que permiten que hoy nos hagamos una idea.



--------------------------------------
CASA DEL NIÑO
CARTAGENA 18 de Noviembre de 1.939.
Año de la Victoria.


Excmo Sr. Don José López Pinto Berizo.
Burgos.

Mi estimado y querido amigo.-

Celebraré ante todo, que al recibo de esta carta, se encuentre Vd tan bien como yo le deseo. Por mi parte, después de la dolorosa pérdida de mi yerno, que como Vd sabrá nos ha acaecido repentinamente, me encuentro también en buen estado y, como buen cristiano, resignado con mi suerte.

Otro objeto de esta carta es el tenerle al corriente de hechos ocurridos en esta y que creo le interesarán, por su gran cariño hacia Cartagena, en donde ha nacido y que lo tiene entre sus hijos más preclaros.

En primer lugar he de decirle que días pasados ha sido inaugurado el comedor de niños de ambos sexos de la Cantina Escolar de la Casa del Niño, que poco a poco, pero con firmeza, marcha a ocupar el puesto destacado que entre las casas benéficas consiguió, por el impulso maravilloso que Vd, desde la Vicepresidencia de la Junta de Protección a la Infancia, supo, sabiamente, imprimirle. En ellos comen, por ahora, unos cien niños, pero confiamos en que brevemente se consiga llegar al cupo de 500 y un poco después al de 1.500, que antes del Glorioso Movimiento asistían a dichos Comedores. Aparte de ello, la Gota de Leche, que no ha dejado de funcionar ni un solo día, sigue su beneficiosa labor de siempre, las escuelas dan sus clases habituales y la rifa marcha inmejorablemente, dentro de las circunstancias actuales de esta ciudad en que escasea un poco el dinero, pero que tan pronto se consiga ajustar el vivir ciudadano y normal de la población, adquirirá la pujanza de siempre y permitirá a esta Junta reparar la Casa y crear nuevos servicios en proyecto, que la darán en un día cercano, un puesto preminente entre todas las similares de España.

Y ahora otra nueva y un deseo mío, que le ruego complazca, si ello le es posible. En el Casino se están celebrando unas conferencias, entre las cuales ha destacado la de nuestro común amigo Oscar Nevado y que son seguidas con gran complacencia por todos. ¿Querría Vd cuando venga de nuevo a Cartagena, deleitarnos con alguna charla, que tendría a más del éxito asegurado de sus innegables dotes y de su simpatía, la del prestigio de quien como Vd, ha sido uno de los más firmes paladines de este Glorioso Movimiento hecho solamente por el deseo de elevar a nuestra patria y conducirla por rutas de gloria?

Reciba Vd mi estimado y querido amigo, un abrazo con los más afectuosos saludos de su siempre verdadero amigo,

José Gómez.
----------------------------------------------------


Hay una anotación a lápiz al pie que dice:

Agradeciéndole la carta y respecto al último párrafo de la misma, sobre una conferencia que dado el destino Militar que ostento no me es permitido.

No es la letra del General, seguramente la dictó.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por jarm el Lun 15 Nov 2010, 22:15

Qué hilo más bueno... me encanta. Fernando, eres la leche, qué forma de dejarnos con ganas de seguir leyendo Wink

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Invitado el Lun 15 Nov 2010, 22:37

... ya te digo !!!

Fer, creo que te vamos a dar un par de días como mucho para que sigas relatándonos esas vivencias.

Aeno, mi madre y sus hermanos estuvieron muchos años asistiendo a la Gota de Leche porque no tenían qué llevarse a la boca. Así fueron saliendo adelante.

La anotación a lápiz, me atrevería a decir que efectivamente fué lo que el General le dictó a su secretario para que éste la respondiera. Es algo que se hace con secretarios de confianza.

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por MINU el Mar 16 Nov 2010, 15:16

Fernando escribió:VERANO DE 1936

Los primeros meses de la Guerra fueron muy intensos, Madrid era un auténtico caos. Mi abuela no podía concebir tanto horror, y mi abuelo comprobaba cómo lo que él creyó un sueño se iba convirtiendo en pesadilla.

Es cierto que la tensión política existente en toda España era insostenible, especialmente desde Febrero de ese mismo año. Asesinatos, peleas, quema de inmuebles (no sólo iglesias, también sedes políticas, asociaciones o centros culturales de distinto signo), amenazas, discursos políticos espeluznantes... Pero todo se multiplicó cuando comenzó la Guerra. Mi abuelo Pepe era un republicano convencido, pero también un pacifista nato. No entendía cómo se le pudo escapar el control de la situación a su venerado Azaña, Presidente y correligionario de Izquierda Republicana. Todas las esperanzas puestas en una España diferente, democrática y abierta, se iban -una vez más- por el desagüe de la irracionalidad. De unos y de otros.

Mi abuela ya no pudo asistir a misa en el Convento de la Encarnación, como hacía de costumbre. Y no fue por miedo, que lo tenía, sino porque el culto fue suspendido "sine die" en todas las parroquias de Madrid.

Por otra parte, no era seguro tener nada de valor en casa, estabas expuesto a que te lo requisaran "por el bien de la República". Así que mi abuela cogió todas las joyas que había heredado de su madre y las llevó al Banco de España. "Señora, todo esto vale una fortuna", le dijo el funcionario del Banco que la atendió. "Lo sé, es el seguro de subsistencia de mis hijas, por si esto va a peor. Por eso lo traigo". Aquella noche durmió un poco más tranquila.

La situación económica de mis abuelos era buena, y vivían en un buen barrio. El era funcionario, Ingeniero del Ayuntamiento de Madrid, y además regentaba (junto con sus hermanos y su padre) la mejor academia técnica de Madrid, la Academia Cantos. Fundada en 1916, se había convertido en la más prestigiosa institución privada preparatoria para el ingreso en cualquier escuela de ingeniería o arquitectura. Vivían de alquiler en un elegante piso en la Calle Encarnación número cuatro, en la segunda planta. Todo el edificio era propiedad de los Marqueses de Bédmar, que vivían en el "principal".

Ser republicano y de izquierdas no era incompatible con vivir bien. Ni con compartir vecindario de derechas y monárquico, como eran la mayoría en aquel edificio.

Hasta que estalló la Guerra. Las milicias hacían auténticos estragos en las constantes batidas que realizaban en busca de seguidores del levantamiento fascista. Mis abuelos tuvieron que esconder en su casa a varios vecinos, durante varios registros. Entre ellos, a la familia Ramos (vecinos del mismo rellano), los propios marqueses de Bédmar y al general retirado López Antequera (nieto del pintor Antonio López). El hijo mayor de los marqueses, Don Alonso Heredia (futuro Marqués de Bédmar, Prado y Escalona, además de Conde de Obedos y Gramedo) fue detenido por las milicias... Mi abuelo hizo las gestiones oportunas para que lo soltaran, y lo consiguió. La marquesa, señora orgullosa a la que le costaba incluso saludar, se puso de rodillas delante de mi abuelo y le dijo:

"Pepito Cantos, nunca olvidaré lo que has hecho por nosotros. Algún día te recompensaré".

Con lágrimas en los ojos, toda la familia de los marqueses huyó de Madrid, a una zona más segura. No regresaron hasta que acabó la Guerra. Pero aquella promesa pronto la olvidó.

¡Qué interesante Fernando! Es un relato excepcional.
Tu forma de escribir es fantastica ... ya soy casi adicta.... Alegria 2
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Mar 16 Nov 2010, 17:11

Gracias por los comentarios, pero el mérito lo tiene la historia... De verdad que hay para escribir un libro, o dos, y no sólo de la época de la guerra civil.

De hecho, si alguien tiene mérito es mi madre, que es la que ha recopilado toda la información familiar. Y ya tiene publicado un libro, sobre la familia de mi abuela desde el siglo XVIII hasta 1936.
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Mensaje por Sauron el Mar 16 Nov 2010, 22:47

Bueno, como la historia va por ramas familiares, primeramente voy a contar lo que sé por vía materna, las historias que tantísimas veces escuché absorto a mis abuelos y bisabuela. Como dije anteriormente y comprobaréis ahora, me ha sorprendido la similitud del relato en algunos puntos con el de Fernando, aunque seguramente era algo más común de lo que hoy día podemos pensar, lo cual no hace sino desmostrar que, aunque difícil, acaso pudo haber algún entendimiento entre españoles, en fin.
En lo que toca a mi abuelo, él, su padre y su abuelo, vivieron toda la guerra en la Villa y Corte, hasta su regreso a Murcia y Cartagena en el verano de 1938.
El Madrid de la década de los 30 era un hervidero político y social. Las clases medias urbanas, de profesiones liberales, crecían despacio pero seguras, e intelectualmente aquellos años fueron una auténtica época dorada del pensamiento español. Mis mayores evocaban mucho de un elemento castizo y entrañable de Madrid: sus cafés. Los cafés de Sol, Alcalá, Paseo del Prado...todos los recordaba mi abuelo. Aunque en los felices años 20 hubo gran profusión, la llegada de la República convirtió muchos de ellos en espacios de cultura y tertulia política de gran actividad.
Siempre habló mi abuelo con gran nostalgia de su vida en Madrid; de sus paseos por el Retiro y la Plaza de Oriente, de las noches alegres de verbenas en Cascorro y Antón Martín o las comidas y aperitivos en Lhardy, que aún hoy advierte gran respeto: cuidado, aquí comió Isabel II y se tramó la muerte de Prim. Era buena costumbre por aquel entonces, a eso del medio día, almorzar un caldo con pelota. Y de su casa, que recordaba con exactitud, de techos altos con molduras, elevador añejo con banqueta de terciopelo y aquellas grandes estufas de carbón en hierro fundido. Vivían en la Cuesta de Santo Domingo número 2, esquina con Arrieta, justo enfrente del Teatro Real. Allí tenía mi tatarabuelo Mariano su despacho de abogado y procurador, despacho que gracias a Dios hemos podido conservar íntegro; lo único de aquel hogar, realmente. El "Papá Mariano", como cariñosamente se le llamó siempre, era hombre de talante liberal y dialogante, afiliado a la CEDA y abogado del que fuera bajo el bienio radical-cedista el mejor Ministro de Agricultura que tuviera la República: Manuel Giménez Fernández, con quien matuvo amistad hasta su muerte. Supongo que, llegado cierto punto, en la burguesía urbana que componía gran parte de la masa social de la CEDA, se deseaba realmente un golpe de autoridad que irrumpiera en la vida nacional e impusiera algún tipo de orden, porque, como bien expresó Ortega, padre espiritual de la República "no es esto, no es esto". Contaba mi abuelo y mis tías que la notica del Alzamiento fue recibida en casa con "¡que Franco se ha alzado, que Franco se ha alzado!", a lo que mi tatarabuelo respondió, impávido: "hombre, ya era hora".
Desde que José Giral decidiera armar a las milicias, en casa, o más bien fuera de ella, comenzaban a verse escenas ya clásicas de la historia de la guerra. Recordaba mi bisabuela cómo bajo el balcón de casa pasaban enfervorecidos los milicianos gritando "¡UHP! ¡UHP! (Unión de hermanos proletarios) ; siempre se comentó en la familia qué habría sido de los vecinos de abajo: un Comandante de afiliación falangista y su hijo de 15 años, cuando tres milicianos armados les sacaron de casa a las 6 de la mañana y nunca regresaron. Más retratos de guerra: la Mamá Enriqueta quemando estampas y misales, aterrorizada junto a mi tía aquel día que vieron arder el Convento de las Trinitarias con algunos cadáveres expuestos al fervor popular.
Como en el caso de Fernando, también en el edificio donde residía mi familia convivieron diversas opciones políticas. Mi tatarabuelo llegó a entablar una buena amistad con el entonces diputado a Cortes y posterior jefe de la Asociación Socialista Madrileña don Enrique de Francisco, que vivía un piso más arriba. Éste señor, sobre el cual se comentaron cosas terribles acabada la guerra, salvó a mi familia de un negro destino y les proporcionó el salvoconducto con el que pudieron salir de Madrid, a excepción del Papá Mariano, que, nunca llegué a saber claro: no quiso o no pudo salir de allí. El caso es que murió en el año 39 de una ateroesclerosis renal, ya viviendo en la Calle de las Huertas, siendo trasladado su cadáver años después a Murcia. Mi bisabuelo nunca tuvo filiación ideológica alguna, más allá de un conservadurismo más o menos ordinario en mucha gente de la época; recuerda mi abuelo cómo don Enrique de Francisco le espetaba cada vez que le veía, conforme se acrecentaba el peligro de los milicianos "¡Defínase don Fausto, tiene usted que definirse!".
Cuando acada la guerra se interesaron por la casa, Marca, la "niñera" de mi abuelo y mis tías-abuelas, les comentó que un obús la había destrozado, perdiéndose así infinidad de documentos interesantes y curiosos, pues con varios políticos de entidad trabajó mi tatarabuelo, álbumes de fotos familiares antiquísimos y demás mobiliario, del cual como digo, sólo se pudo salvar, por trasladarlo antes, su despacho al completo.

Se me parte el alma cada vez que pienso, sobre todo, en esas fotografías.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por jarm el Mar 16 Nov 2010, 22:56

Desde luego... cuántos documentos valiosos se perdieron en esa guerra No puede ser

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Miér 17 Nov 2010, 11:53

Sauron, ¡¡tus abuelos y los míos eran vecinos!!!

El mundo es un pañuelo. Probablemente, hasta se conocieron. Esta tarde, cuando tenga tiempo, escribiré el "Otoño de 1936", donde comentaré el rumor de que el Teatro Real estaba dinamitado. Seguro que en casa de tus abuelos, que estaba más cerca, también se comentó. Y lo de "El lechero" de las seis de la mañana...
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por MINU el Miér 17 Nov 2010, 14:55

Fernando escribió:Esta tarde, cuando tenga tiempo, escribiré el "Otoño de 1936", donde comentaré el rumor de que el Teatro Real estaba dinamitado.

Estamos impacientes, Fernando Lolo
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Miér 17 Nov 2010, 15:53

Fernando escribió:Sauron, ¡¡tus abuelos y los míos eran vecinos!!!

El mundo es un pañuelo. Probablemente, hasta se conocieron. Esta tarde, cuando tenga tiempo, escribiré el "Otoño de 1936", donde comentaré el rumor de que el Teatro Real estaba dinamitado. Seguro que en casa de tus abuelos, que estaba más cerca, también se comentó. Y lo de "El lechero" de las seis de la mañana...

Desde luego que es un pañuelo Fernando, ¡vaya sorpresa!. ¿De modo que vivían cerca de la Cuesta de Santo Domingo, por la plaza de Isabel II? Por dios, si además sirve el hilo para recordarnos pequeños detalles...¡claro que me acuerdo de lo del Real y el famoso "polvorín"!, mi abuelo y demás familia pudieron observar desde su casa una etapa donde A DIARIO sindicatos y milicianos entraban y salían con numerosos pertrechos -armas sobre todo, se entiende- ya que el uso dado al Real durante la guerra, por desgracia, no dejó de ser otro que el de almacen. Según las cartas de mi tatarabuelo, cuando el resto de la familia ya había vuelto de Madrid, la zona circundante, Cuesta de Santo Domingo, Arrieta, general Pavía, etcétera se vieron bastante afectadas por los bombardeos. En alguno de ellos saltaría por los aires su casa y otras tantas, imagino.

Siempre que voy a Madrid y contemplo -he perdido la cuenta de las veces, en serio- el Palacio Real, hago un leve desvío y camino por aquella zona, siempre con la mente "Cuesta de Santo Domingo número 2, esquina con Arrieta". Algo así como un pequeño e íntimo homenaje particular a mis ancestros.

Exactamente aquí:



Lo de El Lechero sí que no me suena de nada, pero todo esto va a servir para que pregunte a mi tía Carmen, que ya es la única persona a la que puedo preguntarle éstas cosas y refresque mi memoria sobre otras ya oídas que no recuerdo.
Si ya era interesante antes tu relato, ahora para mí tendrá aún más valor Alegria 2

Mi abuela Carmen también vivió parte de la guerra en Madrid; esa historia próximamente. Je
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por MINU el Jue 18 Nov 2010, 07:43

Sauron escribió: Mi abuela Carmen también vivió parte de la guerra en Madrid; esa historia próximamente. Je

Esperemos que así sea... Wink
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por jarm el Jue 18 Nov 2010, 15:59

A ver esos "próximamente" siguen con los relatos...

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Invitado el Jue 18 Nov 2010, 18:53

Eso.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Jue 18 Nov 2010, 19:16

OTOÑO DE 1936

Fue la época de la Guerra en la que mis abuelos más temieron por su vida. Vieron pasar la muerte muy de cerca, colándose por ventanas y tejados, macabramente anunciada por sirenas, destrucción y gritos.

El 1 de Octubre Franco había sido nombrado Generalísimo de los Ejércitos y Jefe de Estado. “Conquistar Madrid es conquistar España”, repitió más de una vez. Y todo apuntaba a que antes de acabar el año su objetivo estaría consumado. El avance de sus tropas estaba siendo muy rápido, y no encontraba apenas resistencia. El General Varela se encontraba a las puertas de Madrid, en plena Casa de Campo, desde el 5 de Noviembre.

La Batalla de Madrid duró desde el 5 hasta el 23 de Noviembre. Al principio, la gente se lo tomó con calma. Sonaban las sirenas y acudían tranquilamente a protegerse a las bocas de metro. Pero rápidamente los ataques tomaron tal cariz que el pánico se apoderó de la población, especialmente de los barrios cercanos al Palacio Real y la Plaza de España, doblemente expuestos al ataque áereo y al de la artillería situada en la Casa de Campo.

Ahí es donde se sitúa la casa de mis abuelos. Calle Encarnación, 4. A doscientos metros de Palacio. A cincuenta metros de la calle Arrieta esquina con la Cuesta de Santo Domingo. Blanco perfecto para los obuses disparados desde el Cerro de Garabitas, base estratégica de la artillería enemiga. Desde allí se dispararon la mayoría de obuses que taladraron todo el Distrito Centro de Madrid. Todas las mañanas, al amanecer, atronaba el primer obús desde la casa de Campo. Los madrileños, con ese sentido del humor tan propio, dejaron de usar despertador: “Ya ha llegao El Lechero”. Era su desayuno diario en aquella época de hambre y miedo.

A los pocos días de empezar la ofensiva, mi abuela ya estaba de los nervios. No soportaba el sonido de las sirenas, como crónica de una muerte anunciada mucho antes de que García Márquez pensara en ello. Y el siseo de los obuses le martilleaba la cabeza, la volvía loca. “Pepe, vámonos de aquí. Acuérdate de que tienes dos hijas. Y también está mi hermano. Y Lucía, y Carmen. Y estoy yo. Y estás tú”. Pero mi abuelo tenía muy claro que no pensaba dejar Madrid. Su sitio estaba allí. Era Ingeniero del Ayuntamiento de Madrid. Era Subdirector de la Academia Cantos, la más prestigiosa institución privada de preparación para futuros ingenieros y arquitectos.

Y era militante de Izquierda Republicana, al igual que sus hermanos. Paco, el mayor, era concejal del Ayuntamiento, y diputado de la Diputación Provincial. Joaquín y él no estaban especialmente vinculados al mundo político, pero adoraban y seguían a su hermano. Y Paco seguía firme, fiel a sus ideales. Su último proyecto había sido sacar una edición de lujo de la Constitución de 1931, firmada por todos sus creadores, así como por los principales intelectuales de la época. Era una obra magnífica, como nunca antes se había hecho. Encuadernada en piel, su portada era un espectacular escudo de la República labrado en plata. Los dos leones de las Cortes, también en plata, servían de cierre metálico del libro. Dos finas hojas de tela roja damasquinada hacían la vez de contraportada, y cada una de sus hojas estaba cuidadosamente decorada a mano cual pergamino amanuense. La obra venía avalada por elogiosos comentarios manuscritos de la “crème” intelectual de la época, e inmortalizada con las fotos de su presentación frustrada. Iba a ser presentada aquel fatídico verano de 1936, pero hubo que guardar la edición entera y esperar a que pasara esta tormenta. La escondieron en el chalet familiar de Ciudad Lineal, donde vivía mi bisabuelo, ya viudo, con su hija, mi tía Arsenia.

Pero los bombardeos eran cada vez más insoportables. En el edificio de mis abuelos cayeron cuatro o cinco obuses en aquel mes de Noviembre. El primero destrozó el techo de la preciosa escalera central, por lo que había que usar paraguas para subir y bajar de las viviendas, ante el peligro de que cayera algún cascote. Los demás no llegaron a estallar. Esta fue una de las ventajas de que el armamento de ambos bandos fuera, digamos, “de feria”, al menos al principio. Pero no todas las bombas fallaban. La Academia Cantos, que ocupaba un edificio entero en la Plaza de Santo Domingo, había quedado reducida a escombros. Los sueños de dos generaciones de ingenieros y arquitectos se habían esfumado en cuestión de minutos.


Mi abuela ya no quería salir de casa, horrorizada de que sonaran las sirenas y no pudiera llegar a tiempo de abrazar a sus hijas, de seis meses y dos años. Había visto cómo las estaciones de metro habían pasado de ser refugios antiaéreos a viviendas permanentes, de mucha gente que había perdido sus casas y de otra mucha que sentía pavor de volver a ellas. Un día estaba especialmente alarmada, porque Lucía le había contado un rumor callejero: el Teatro Real, usado como almacén militar, había sido dinamitado. Si el Ejército Nacional tomaba la zona se iban a encontrar con una gran sorpresa… Que haría saltar por los aires no sólo al teatro y a los fascistas, sino al barrio entero. “Pepe, vámonos ya. No podemos arriesgarnos más. Han venido unos milicianos y nos han ofrecido alojamiento a todos los vecinos, en la Fuente del Berro”. Mi abuela se levantó y fue a por mi madre para darle el pecho, que dormía en su cuna al cuidado de mi tío Perico, que también estaba dormido…Para no despertarlo, se llevó a mi madre a salita, donde se encontraba mi abuelo. Segundos después, un estruendo imponente inundó la casa, acompañado de una intensa humareda blanca. Atravesando la pared, un obús se alojó en la cuna de mi madre, y se quedó dormido. Mi abuela sufrió un ataque de nervios y se le cortó la leche, por lo que mi madre tuvo que alimentarse, desde ese día, con puré de lentejas. Según ella, ese es el motivo de su hernia de hiato y su intolerancia a la mayoría de lácteos. En aquel caos todos gritaban de pánico, después lloraban de alegría al verse sanos y salvos. El último en aparecer fue mi tío Perico, como espectro cubierto de polvo, quien alzando las manos y elevando la voz dijo: “¡¡Señores, señores!! ¿¿Estoy vivo o muerto??”

El bueno de mi tío tuvo meningitis allá por 1909, cuando “el niño, o se muere, o se queda tonto”. Y no se murió. Y cuando murió mi bisabuela, hacía apenas un año, tuvo que cambiar Torrevieja por Madrid para vivir con su hermana. Ay, mi bisabuela, que se murió al caerse por el hueco de un ascensor en Valencia… Pero eso, es otra historia.

Ese mismo día toda la familia se mudó a un cuartucho de siete metros en la Fuente del Berro.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por jarm el Jue 18 Nov 2010, 21:39

Qué bueno el relato Fernando, qué bueno...



desde luego ponerse en el lugar de lo que pasaron esas personas acojona...

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Jue 18 Nov 2010, 22:06

Da terror abstraerse y tratar de ponerse en la piel de aquella gente. Más miedo da pensar lo que debieron pasar en Dresde, Hamburgo, Coventry, etc, que es lo de las bombas de Madrid pero multiplicado por 50.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Dasten el Jue 18 Nov 2010, 23:32

Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3 Fernando, ahora el "Adorado" eres tú!!!! Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha Esta frase: "Atravesando la pared, un obús se alojó en la cuna de mi madre, y se quedó dormido"....bueno, bueno, bueno Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Jue 18 Nov 2010, 23:41

Dasten escribió:Esta frase: "Atravesando la pared, un obús se alojó en la cuna de mi madre, y se quedó dormido"....bueno, bueno, bueno Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3

Es cierto, es de esas frases que "tocan la tecla". Aplauso 3 Aplauso 3
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Vie 19 Nov 2010, 00:09

De modo que vivían en la Calle de la Encarnación, como bien dices, ¡qué cerca de mis abuelos!. El testimonio de los tuyos refrenda aún más las cartas de mi tatarabuelo desde Madrid, cuando decía que toda la zona de Santo Domingo, Arrieta, Pavía...había quedado que daba pena, y cómo no, también afectó a la calle de la Encarnación, tan cercana de ellas.

Lo increíble que sería poder mirar por un catalejo y verles a todos ellos en aquellos años.

Recordaba mi abuelo algo curioso y hasta gracioso: la cantidad de gente que "iba al frente", y decían que iban, como si de un día de campo se tratase. Iban, pegaban cuatro tiros, por supuesto sin compremeterse en posición de peligro real, y volvían por la tarde tan campantes. "Carmen, me voy al frente"...y volvían para comer o cenar Mucha risa

Y ahora un par de recuerdos de época. Bendita sea la hemeroteca del ABC.

La academia de los familiares de Fernando, debidamente publicitada:



... así como los parabienes ofrecidos por mi Tatarabuelo Mariano, con el despacho en su anterior emplazamiento en Núñez de Balboa amén del de Murcia:



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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Vie 19 Nov 2010, 10:51

Dasten escribió: Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3 Fernando, ahora el "Adorado" eres tú!!!! Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha Esta frase: "Atravesando la pared, un obús se alojó en la cuna de mi madre, y se quedó dormido"....bueno, bueno, bueno Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3

Qué subidón, qué subidón...

A ver qué escribo del Invierno, para que tu adoración crezca...

SAURON, gracias por los recortes. Hubo varios emplazamientos de la Academia Cantos, hasta el definitivo destruido. Tenía hasta internado, con unas reglas muy curiosas y bien definidas, tanto de aprovechamiento académico como de comportamiento, comidas, servicio de lavado y planchado...

Una vez pasada la Guerra mi tío Joaquín volvió a fundar una Academia, esta vez con el nombre "Academia Cantos-Irigoyen". Pero ya no fue lo mismo.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Ventimiglia el Vie 19 Nov 2010, 13:46

Estoy absolutamente enganchado a este tema. Absolutamente.

PD: Ahora entenderéis todos por qué siempre elegíamos a Fernando como Delegado de Clase en el Colegio Je
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Vie 19 Nov 2010, 14:22

Ventimiglia, aquellos tiempos vividos en Madrid durante la guerra también atañen a los Peragón como ya sabes, ahí estaba tu tía-abuela y tatarabuela mía, Enriqueta Peragón Barba Je
De hecho, estaría bien cuando pudieras o supieras, sin prisas, que nos contaras algo tú también sobre cómo vivieron los Peragón Barba o alguno de ellos la guerra y posguerra en Cartagena Alegria 2

P.D: De nada Fernando, ésto de mirar en hemerotecas y encontrarse uno éstas cosillas le causan -o al menos así es en mi caso- una cierta emoción a modo de reencuentro con nuestro pasado.

P.D 2: A ver si hoy o mañana cuento lo que sé sobre mi abuela Carmen y su familia. A mi bisabuelo Santiago faltó el canto de un duro para que lo fusilaran, cortesía de un antaño labrador reconvertido en Jefe de milicias...
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por MINU el Vie 19 Nov 2010, 14:39

Fernando escribió:
Dasten escribió: Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3 Fernando, ahora el "Adorado" eres tú!!!! Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha Esta frase: "Atravesando la pared, un obús se alojó en la cuna de mi madre, y se quedó dormido"....bueno, bueno, bueno Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3

Qué subidón, qué subidón...

A ver qué escribo del Invierno, para que tu adoración crezca...

SAURON, gracias por los recortes. Hubo varios emplazamientos de la Academia Cantos, hasta el definitivo destruido. Tenía hasta internado, con unas reglas muy curiosas y bien definidas, tanto de aprovechamiento académico como de comportamiento, comidas, servicio de lavado y planchado...

Una vez pasada la Guerra mi tío Joaquín volvió a fundar una Academia, esta vez con el nombre "Academia Cantos-Irigoyen". Pero ya no fue lo mismo.

Como decia Voltaire " La escritura es la pintura del alma" y tu Fernando estas pintando este foro y calando en nuestras almas...

Nunca nadie tan friolera como yo espero tanto el invierno... Cuéntanos ese invierno y pintanos el alma.

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Vie 19 Nov 2010, 18:00

INVIERNO DE 1936-1937

Quizá no eran siete, pero tampoco diecisiete. No tenían un metro para medir exactamente aquella habitación, sin ventanas ni luz eléctrica. A mi abuela le parecía imposible que pudieran vivir todos juntos en una sola habitación, sin más mobiliario que dos viejos colchones de lana adornando el suelo. Pero era lo que había, y no tenían más remedio que conformarse.

El Barrio de La Fuente del Berro estaba a las afueras de Madrid, hacia el oeste. Creado a principios de siglo, era una zona tranquila y humilde, donde con toda certeza no caerían bombas. Ni estaba cerca del frente ni albergaba ningún punto estratégico. Lo más destacable era la residencia de las Hermanitas de los Pobres, construida en 1910 y con un asombroso parecido estructural a la de Cartagena. Estaba ocupada por cientos de personas, hacinadas en sus instalaciones.

Mis abuelos no estuvieron en la residencia. Compartían piso con tres familias más. Una por cada habitación de la casa. De zona común tenían la cocina, que tuvo el nombre casi de adorno. No había nada que cocinar. El retrete era común a la planta, que compartían con otro piso más. Con cuatro familias más. Pero no debían quejarse. Tenían un techo, estaban vivos y allí no caerían bombas.

Pero aquel invierno de 1936 fue especialmente largo y frío. O, al menos, eso le pareció a mi abuela. A las incomodidades de vivir en aquellas circunstancias se le unía el hambre. Madrid volvía a pasar hambre, ese fantasma caprichoso acostumbrado a habitar en el estómago de los españoles desde que España es España. Ojalá haya desaparecido ya de nuestro país para siempre. Aunque, para eso, es necesario que no desaparezca nunca de nuestra memoria.

Las cartillas de racionamiento habían comenzado ya en Noviembre. Las raciones eran cada vez más escasas, e incluso era muy difícil conseguir alimentos de calidad en el mercado negro. La única vía de comunicación con el campo era la carretera de Valencia, y sólo llegaba una décima parte de los alimentos necesarios para abastecer a una ciudad del tamaño de Madrid. El pan era escasísimo, la leche y los huevos había que conseguirlos con receta médica. De vez en cuando llegaban productos absurdos, como buñuelos de bacalao en polvo o preparado de tortillas sin huevo. Cualquier cosa con tal de engañar al estómago.

Aquellas Navidades fueron especialmente difíciles para mi abuela. Por primera vez en su vida, se encontraba en una situación cercana a la miseria. Ella, la hija de Don Pedro Ballester, Alcalde de Torrevieja. Ella, la que de joven había sido la envidia de la alta burguesía de Orihuela y Alicante, que había frecuentado las mejores fiestas y estrenado los mejores trajes. Cómo añoraba su pueblo. El mar. La sal. Los barcos de la Compañía Ballester, que hacían la ruta La Habana-Torrevieja y le traían caoba, nácar, perlas y música… Pero ahora todo eso importaba poco. Sus hijas lloraban y pasaban hambre, y ella no podía consolarlas. La tristeza le consumía las pocas ganas de vivir que le quedaban.

“Señora, ¡mire lo que he conseguido!”. Era Lucía, que venía sonriente con un racimo de uvas escondido bajo el abrigo, el día de Nochevieja. Mi madre dice que no sabe qué habrían hecho sin la ayuda y el empuje de aquella extraordinaria mujer. Burgalesa de raza, tuvo las fuerzas y el arrojo necesario en cada momento para salvar a mi abuela de la desesperación. Aquella Nochevieja tuvieron uvas. Bueno, uva… Mi abuelo no consintió no compartirlas con aquel vecindario forzado. Dio instrucciones a Lucía de que reservara cinco granos para ellos (mis abuelos, mi tío Perico, Carmen y ella) y que repartiera el resto del racimo. La mayoría de vecinos no esperaron a la noche, se comieron aquel grano casi antes de que Lucía pudiera dárselo. Al anochecer, con una paciencia y virtuosismo infinito, rebanó cada uno de los cinco granos en doce lonchas. “¡Dong, dong, dong…!” Con una cacerola y un cucharón, Lucía hizo solemnemente de Reloj. Todos comieron, entre risas, aquellas doce lonchas de uva, y celebraron aquella entrada de año con besos y abrazos. De repente, mi abuela se dio cuenta de que Lucía no llevaba la pequeña crucecita de oro en su cuello, el único recuerdo que le quedaba de su madre. Entendió que había sido el precio de una Nochevieja especial. Una lágrima recorrió su rostro.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por ctpap el Vie 19 Nov 2010, 19:27

Maravillosos todos los relatos, desconocía yo esta faceta tuya, sigue, sigue, que no acabe...... Aplauso 3 Aplauso 3
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Vie 19 Nov 2010, 21:32

Estaba pensando qué decir pero creo que es mejor callar y pensar.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Dasten el Vie 19 Nov 2010, 22:56

De este "invierno" me quedo con:

."...hambre, ese fantasma caprichoso acostumbrado a habitar en el estómago de los españoles desde que España es España" Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3 Aplauso 3

Y ahora regodéate en mi adoración...te lo mereces!!! Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha Adorar Derecha
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Sáb 20 Nov 2010, 17:17

Qué duro fue aquel invierno para tanta gente, Fernando. Puedo casi visualizar las vivencias de tu familia según nos cuentas, y ese es el mejor halago que te puedo hacer Alegria 2
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Sáb 20 Nov 2010, 17:18

LOS MARCOS-VIVES EN MADRID

Resulta paradójico que tanto ella como mi abuelo coincidieran por varios años de vida en la capital...para encontrarse después en Murcia y ya no separarse jamás.
Mi abuela Carmen, murciana de nacimiento y cartagenera de adopción, marchó a Madrid junto a sus padres en el otoño de 1930. Mi bisabuelo Santiago había fundado años atrás una empresa de transportes, El Sol, que fue creciendo con los años, llegando a poseer una flota de 30 camiones y estableciendo oficinas en Barcelona, Valencia, Mallorca, Sevilla o Alicante. Y precisamente ese fue el motivo del traslado a la capital de la familia Marcos-Vives: la reciente apertura de la oficina central de la empresa en Madrid, sita en la Calle Lope de Vega nº 6, hacia la cual tenía lógico y especial interés mi bisabuelo en dedicar todo su tiempo en sus primeros años, hasta su pleno asentamiento.
La casa estaba cerca de la oficina, unos metros más abajo, en el número 40 de la misma calle, casi haciendo esquina con la calle de Jesús; desde sus balcones se avizoraba entonces el Paseo del Prado. Al igual que mi abuelo, bendita niñez, los recuerdos de mi abuela Carmen y su infancia en Madrid nunca se borraron de su memoria. Por su testimonio y el de otras personas, conviene recordar que en un ámbito determinado de la población urbana, la catástrofe se advertía como futuro probable..."pero no ocurrirá mañana". Y así pasaban los días, y mi abuela aún contaba fascinada cómo su padre llegó entusiasmado tras la inauguración del legendario Cine Capitol, hasta tal punto que más pareciese ella la protagonista del evento que su propio progenitor. Antaño la tradición oral y el valor de la palabra tenían un significado muy otro del actual, y la gente sentía como propia cualquier anécdota o aventura que pudiera escuchar de sus mayores. Esto me parece fascinante, y se ha perdido, como tantas otras cosas. El correr de los tiempos, supongo.
Con la inocencia de la niñez a cuestas, mi abuela no entendía muchas cosas e incluso iniciada la guerra, sus recuerdos son felicísimos, evocando así sus tardes de juegos y amistad en la Plaza de Oriente, siempre bajo la atenta mirada de su "nany", Teresa, en lo que no dejaba de ser una estampa entrañable y castiza, de otra época, cuando niñas en tiempos republicanos aún cantaban a María de las Mercedes y a los Cuatro Duques que, muerta la llevaban, por las calles de Madrid. Decía mi abuela que un día, sin explicación alguna, se acabaron los juegos frente a Palacio. Un niña no tenía porqué saber que aquel lugar de escenas decimonónicas tenía ahora un riesgo mortal.
Y su colección de Mariquita Pérez, que compraban en una juguetería de la calle Goya. ¡Ah, cuánto la lloró al perderse parte de ella durante el traslado y regreso a Murcia!.

Rememoraba mi abuela los ratos con su amiga Ana María Diaz de Cira, con quien mantuvo amistad largos años, y se veía en un recuadro detenido por el tiempo, escribiéndole en un primitivo Gente Menuda a la por entonces heroína infantil y genial personaje creado por Elena Fortún: Celia. La familia Diaz de Cira, burgueses de convicción republicana, mantenían amistad con Encarnación Aragoneses, que era el nombre real de Elena Fortún, y cuál fue el impacto que causó en mi abuela conocer en persona a la creadora, ¡nada menos, que de Celia y Cuchifritín! En casa de mis abuelos se guardan un ejemplar de "Celia, lo que dice", dedicados por Elena Fortún. Mi abuela los tuvo siempre como el gran tesoro de su niñez en Madrid.
Para mí, una de las remembranzas más sugestivas en aquel Madrid al borde del colapso eran sus paseos en el coche de su padre, un precioso Studebaker President, con César, su chófer, siempre al volante, presto para llevar a la señorita Carmen donde hiciera falta. Me fascina esa estampa: dios santo, mi abuela y su padre en el Studebaker por el Paseo del Prado o la calle Arenal. Cuántas veces he intentado imaginar aquello. Claro que después recuerdo qué ocurrió con el Studebaker y, para mis adentros, me cisco en más de uno.
En la primavera de 1936, un Parlamento irresponsable de dialéctica incendiaria y pistolas por los pasillos, actuó de espejo y proyectó el terrible reflejo de la radicalización en cientos de miles de personas. Mi bisabuelo Santiago, persona emprendedora, de gran sentido del humor y fuertes convicciones morales, también lo hizo, pasando de ser un señor de derechas, un empresario sin afiliación concreta alguna, a integrar las filas de Renovación Española, el partido del político que adoró durante años: don José Calvo Sotelo. Según mi tía, mi bisabuelo siempre se declaró "Sotelista", y habría seguido al gran jurisconsulto gallego a cualquier partido, sin importar las siglas. Hoy conservo como un tesoro una primera edición de "Mis servicios al estado", con su firma y fecha impresa. Como gran lector que era, apoyó económicamente junto a otras personas la causa de los libreros de Moyano.

La crispación crecía, las calles olían a pólvora cada vez con mayor frecuencia...pero la vida cotidiana continuaba. En pleno 1936 , gustaba a mi bisabuelo frecuentar Chicote y, qué cosas, hablar de economía con Perico Chicote, su fundador; que cómo iban los transportes, que si se animaban las noches el salón y si salían éstas y aquellas cuentas.
Conservamos una antigua radio, PILOT, de enormes lámparas, que presidía el salón de aquella casa en Lope de Vega. Desde ella sonaron los tambores de guerra que anunciaban la tragedia que llegaba. Mi bisabuela María quiso morir en aquel mismo instante, y recordaba mi abuela con precisión cómo le recrimiaba a su marido, casi a gritos que "si no tenía bastante con la empresa para darle también al politiqueo". Por miedo o por consciencia, tenía más razón ella que él pues, no sin cierta ingenuidad, todavía pensaba que sólo podría haber, llegado el caso, represalias "contra el que haya hecho algún crimen". Como él sólo estaba afiliado a un partido político y no había hecho daño a nadie ¿qué peligro serio podría correr?.
Éste pensamiento fue por desgracia común en muchas personas, y digo bien, por desgracia, porque supuso el asesinato -por un lado y por otro- de infinidad de gente inocente.
Con la guerra en marcha, Madrid se estremeció, comenzó el miedo, el miedo real, no el hipotético, la desconfianza y los avisos de revancha. Según mis mayores, tanto mi bisabuela María como el resto de adultos de la familia eran firmes partidarios de salir de la capital lo más rápido posible, más aún cuando supieron de los registros y las turbas en busca de "derechistas". Dos veces corrió peligro la vida de mi bisabuelo Santiago a lo largo de la guerra. La primera, al salir de un café en la calle Gravina, encontrándose envuelto en un tiroteo entre falangistas y socialistas; relataba mi abuela la impresión al ver llegar a su padre con la pierna sangrando, pantalón destrozado y rostro desencajado. Al parecer, según les contó, intentó esquivar el tumulto corriendo como alma que lleva al diablo, y tropezó con un adoquín, lisiándose la pierna. El escándalo en casa fue monumental, mi bisabuela María en pleno ataque de pánico, sin conocer los entresijos del disgusto, recordando de nuevo los males que la política habría de traer a la familia. Por lo que contaban mi abuela y mi tía de su padre, estoy convencido que lo peor de aquel día no fueron precisamente las heridas: podrían haberlo matado perfectamente y, lo que es peor, sin comerlo ni beberlo, un hecho por desgracia relativamente común en las guerras.
No recordaba exactamente mi abuela si sería hacia final del verano o ya entrado el otoño, cuando en una calle colindante asesinaron a sangre fría, tras conveniente registro, a un vecino, conocido partidario del lerrouxismo y republicano conservador. Según decían los vecinos, varias personas armadas habrían entrado a su domicilio y, tras fuerte discusión en calle, le habían pegado cuatro tiros. Sabe Dios qué pasó realmente. Lo que sí ocurrió es que, por fin, mi bisabuelo decidió tras aquel crimen abandonar la capital con toda la familia. Se oía, se escuchaba, se decía...que cada día aumentaban los registros en el barrio de Antón Martín, que aquel día se llevaron al señor de allá, que anoche hubo registros en el piso de acá, etcétera.
Y llegó un 13 de Julio. José Calvo Sotelo, líder de la oposición parlamentaria, era asesinado por milicianos socialistas. Éste hecho, trascendental en la deriva que habría de tomar el conflicto, desató el terror entre un importante sector de la población. No puedo imaginar qué pensaría en tales instantes el abuelo Santiago, siendo como era de Renovación Española y profundo admirador de su figura. ¿Impotencia, miedo, duda?. Rememoraba mi abuela aquellos negros días, y visualizaba a su padre, con gesto grave y casi absorto, negando con la cabeza y balbucenado "esto..no..esto..no, no".

Tendrían que esperar hasta mediados de 1937 para regresar a Murcia. Mientras tanto, el Studebaker dijo adiós a la familia Marcos-Vives, sin duda destinado por el 5º Regimiento de Milicias Populares a más altas empresas...


CONTINUARÁ...
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Sáb 20 Nov 2010, 17:37

Sauron escribió:

Y llegó un 13 de Julio...

Y la guerra no había ni empezado...
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por m teresa de cantos el Sáb 20 Nov 2010, 21:10

Aplauso 3 Estoy muy interesada en todo lo que escribis sobre los recuerdos de vuestras familias en aquellos días tan duros como fueron el principio de la guerra.
Creo que es muy importante que no se olvide para que estos acontecimeintos no vuelvan a ocurrir nunca. Bravo Fernando continua.
También me interesa la historia de Sauron ya que son dos puntos de vista, desde el mismo sitio, pero diferentes vivencias
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m teresa de cantos
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

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