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Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por m teresa de cantos el Sáb 20 Nov 2010, 21:10

Aplauso 3 Estoy muy interesada en todo lo que escribis sobre los recuerdos de vuestras familias en aquellos días tan duros como fueron el principio de la guerra.
Creo que es muy importante que no se olvide para que estos acontecimeintos no vuelvan a ocurrir nunca. Bravo Fernando continua.
También me interesa la historia de Sauron ya que son dos puntos de vista, desde el mismo sitio, pero diferentes vivencias

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Dom 21 Nov 2010, 11:14

Gracias, mami. Je

Ya veremos si te sigue gustando cuando cuente cosas que no te gusten... affraid Pero las críticas en privado, ¿eh? Que ya ves que aquí "me adoran"... :disimulo2:

Pero bueno, sabes que necesito tu ayuda, así que no dudes en "hacer de negra" y sigue dándome material interesante, para que hable de él. Como anticipo, sabes que van a aparecer "personajes" como Ramón y Cajal, la Reina María Cristina, Gerardo Diego...

SAURON, me encanta todo lo que escribes. Como dice mi madre, es lo mismo contado desde otro punto de vista. Interesantísimo y complementario. Que sepas que no voy a escribir más hasta que avances un poco más... Estoy impaciente.

¿Nadie más puede contar algo? Aeno, venga...
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Dasten el Dom 21 Nov 2010, 16:19

Fernando escribió:Gracias, mami. Je

Ya veremos si te sigue gustando cuando cuente cosas que no te gusten... affraid Pero las críticas en privado, ¿eh? Que ya ves que aquí "me adoran"... :disimulo2:

Pero bueno, sabes que necesito tu ayuda, así que no dudes en "hacer de negra" y sigue dándome material interesante, para que hable de él. Como anticipo, sabes que van a aparecer "personajes" como Ramón y Cajal, la Reina María Cristina, Gerardo Diego...

SAURON, me encanta todo lo que escribes. Como dice mi madre, es lo mismo contado desde otro punto de vista. Interesantísimo y complementario. Que sepas que no voy a escribir más hasta que avances un poco más... Estoy impaciente.

¿Nadie más puede contar algo? Aeno, venga...

Esto no puede ser: al chiquillo se lo adora un poco y ahora se nos hace de rogar Suspect ...ahora toca esperar Golpe contra Muro ...menos mal que como Sauron no se queda atrás no entretendrá...que yo ya tengo curiosidad por saber como fue a parar el Studebaker al 5º Regimiento! Alegria 2
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Ventimiglia el Dom 21 Nov 2010, 22:24

Sauron escribió:Ventimiglia, aquellos tiempos vividos en Madrid durante la guerra también atañen a los Peragón como ya sabes, ahí estaba tu tía-abuela y tatarabuela mía, Enriqueta Peragón Barba Je
De hecho, estaría bien cuando pudieras o supieras, sin prisas, que nos contaras algo tú también sobre cómo vivieron los Peragón Barba o alguno de ellos la guerra y posguerra en Cartagena Alegria 2

Me encantaría poder escribir algo de la Guerra Civil, de las vivencias de mis abuelos, pero por desgracia sé muy poco. Mi abuelo José (Peragón) murió un año antes de que yo naciera. Mi abuelo Eugenio cuando yo tenía año y medio. Mi abuela Carmen sí vivió más, pero sus comentarios sobre aquel período no eran muy extensos y mi abuela Maruja murió cuando yo iba a cumplir 12 años, así que... Mis padres sí me contaron alguna cosa, pero no es ni tan interesante ni tan detallada como lo que contáis aquí y yo leo con verdadera atención.

Puedo contar únicamente que mis abuelos paternos vivían por aquel entonces en Santa Lucía. Mi abuelo trabajaba en la Fletadora Murciana, empresa ubicada en la plaza del Ayuntamiento y que fue considerada, al trabajar con barcos que realizaban líneas con Orán e Inglaterra entre otros lugares, como una empresa estratégica, por lo que sus empleados no fueron movilizados en principio. Sí hubo cierto grado de movilización a partir de 1938, pero sólo a efectos teóricos, porque siguieron en Cartagena y no fueron al frente. Eso sí bastaría, junto a las inclinaciones republicanas de su jefe, para que a finales de 1939 mi abuelo Eugenio fuera encarcelado durante casi dos años, hasta que movilizaciones varias del entorno consiguieron que fuera liberado a mediados del 41, a tiempo para "encargar" a mi padre, que nació entrado 1942, viviendo ya en la calle Villalba. De la Guerra propiamente dicha sólo sé que al principio no les fue tan mal (incluso, y en contra de lo usual, llegaron a tener un hijo que nació en septiembre del 38, una fecha en la que creo que nacían más bien pocos niños...). Mi abuela contaba -me dice mi padre- que cuando sonaban las sirenas salían corriendo hacia las cuevas de Los Mateos, un lugar seguro para aquellos menesteres, y donde acabó haciendo amistad con algunas gitanas de aquellos lugares que también compartían un refugio seguro y donde se hermanaban todos -fuera cual fuera su "estatus"- ante el miedo a las bombas.

En cuanto a mis abuelos maternos, también familiares de Sauron, vivían por aquel entonces en la calle de la Concepción, al comienzo subiendo desde la plaza de San Ginés. Mi abuelo José tampoco fue movilizado, aunque en su caso había varios factores. Tenía ya casi 40 años (los mismos que mi abuelo paterno), estaba enfermo y tenía a su cargo a su mujer, su suegra, una cuñada y una hermana, con lo que su trabajo en Gutiérrez Hermanos (que años más tarde conocimos todos como Tejidos Isaac Gutiérrez) resultaba esencial para su familia. Cuando vieron que aquello iba para largo huyeron a Balsapintada, donde se refugiaron en casa de unos familiares o amigos -no recuerdo-. Al acabar la Guerra ya se mudaron a la Plaza de Risueño, a la casa que yo conocí.

Lo que sí recuerdo con nitidez es un episodio del que buscaré más detalles que le ocurrió a nuestra común tía Elisa (tía abuela creo de los dos) con un cura refugiado en Los Dolores. Ya lo contaré.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Lun 22 Nov 2010, 00:54

Hombre Ventimiglia, pues muy interesante, si a éstas cosas son a las que me refería al crear el hilo...vivencias cotidianas en los prolegómenos, guerra y posguerra, ni más ni menos.
Y hombreee, cuando te acuerdes -o te lo recuerden- cuenta lo de nuestra tía Elisa de Los Dolores, por favor...seguro que es interesantísimo ¡qué gran personaje!.

Gracias a los demás por el interés. Fernando, ya sabes que es recíproco el gusto por leernos; de veras, si tienes tiempo y antes que yo está dispuesta tu siguiente parte ¡no dudes en ponerla! Nada de esperar. Yo espero colgar la continuación mañana o pasado y una curiosidad os adelante: los periquitos tendrán un valor simbólico-fatalista.

Y al resto, pues eso, animaos los que sepáis cualquier cosa, por mundana que os pueda parecer, que de ello precisamente versa el hilo.

P.D: Deja al Aeno tranquilo. La bestia está agazapada, como le de por sacar y contar, esto se pone en la página 200 pasado mañana.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Vie 26 Nov 2010, 20:14

PRIMAVERA DE 1937

Mi abuelo nadaba en un mar de dudas. Se le estaba agriando el carácter, y sabía que eso era preocupante. El nunca discutía por nada, no se enfadaba con nadie. Dice mi madre que era la persona con mejor carácter del mundo, siempre complaciente, siempre optimista. Quizá demasiado bueno. Y eso en tiempos de guerra era jugar a perder.

Había discutido con su hermano Paco.

Francisco de Cantos Abad, Concejal del Ayuntamiento de Madrid y Diputado de la Diputación Provincial. Llevaba la política en la sangre. Vivía para la política. Era diez años mayor que mi abuelo, y ejercía su papel de jefe de familia de manera magistral. Hacía mucho tiempo que mi bisabuelo había delegado en él tamaña responsabilidad. Y dotes no le faltaban: estudió tres carreras, fundó la Academia Cantos con tan solo veinte años, y recorrió Europa de cabo a rabo, en una época en la que viajar sí era una auténtica aventura. Amigo personal de Azaña, de Blasco Ibáñez, de Margarita Xirgú y de muchísimos intelectuales de la época. Era socio de los principales centros culturales y sociales de Madrid, como el Casino o la famosa “Unión Cultural Recreativa”. Pero la política… Fue su vida y su ruina. Republicano de izquierdas, sí, pero nunca defendió la lucha de clases ni ningún tipo de dictadura. Decía que los pilares del progreso se basaban en la educación, la justicia y la sanidad. Se hizo socio de Cruz Roja Española en 1912, con tan solo dieciséis años, en su afán de trabajar por el bienestar social. No obstante, en tiempos de guerra los ideales se adaptan a las circunstancias.

“Paco, lo que me cuentas no es para estar contentos. No creo que la situación actual sea favorable para España. Ojalá Franco se decida de una vez y entre en Madrid. Se ahorraría mucha sangre y sufrimientos”.

Esa frase desató la caja de los truenos. Mi tío Paco estaba intentando convencer a mi abuelo de que la Guerra iba bien, y que la República vencería. Argumentaba que el General Miajas, gracias al apoyo de las Brigadas Internacionales, había conseguido frenar el avance de las tropas franquistas en su intento de conquistar Madrid. Las posiciones se habían enquistado desde Diciembre, y los bombardeos habían descendido de forma francamente aliviadora. Por otra parte, la actividad fiscalizadora de los milicianos también había descendido, desde la “limpieza” llevada a cabo en Paracuellos. Esto no era para estar orgulloso, pero era “Una acción de guerra”. Mi tío Paco no podía entender que mi abuelo viera todo desde un prisma bien diferente: el Gobierno había huido a Valencia, Madrid era una ciudad completamente anárquica (en el peor y más estricto sentido de la palabra), la Guerra estaba provocando la muerte de miles de inocentes…

Mientras mi tío gritaba y hacía aspavientos, mi abuelo había salido del chalet de Ciudad Lineal, dando un portazo. No se había despedido siquiera de su padre, ni de su hermana. “Buenos días”, le dijo al salir una de las señoras refugiadas en la casa, consciente de que ocupaba con su familia una habitación que podría corresponderle al hijo del dueño, “desterrado” en la Fuente del Berro. Mi abuelo tampoco le respondió. Iba aturdido, congestionado, intentando asimilar la discusión con su hermano. Decidió ir andando hasta la Fuente del Berro. Así tendría tiempo para meditar.

¿Había dejado de ser un “buen republicano”? ¿Por qué no le gustaban las arengas de “La Pasionaria”? ¿Su hermano Paco ya no era su ídolo, el líder natural de la familia? Aprovechó que caminaba por calles completamente desiertas para llorar. No era nada nuevo, mi abuelo siempre fue muy sentimental, de lágrima fácil. Pero aquella ocasión era distinta. Lloraba por el fin de la República que él había soñado. Lloraba porque sabía que el futuro que le esperaba a su familia no era nada halagüeño.

Al paso por la Plaza de Manuel Becerra, notó más movimiento de lo habitual. Un nutrido grupo de personas estaban formando un corro. Caras de angustia. Hablaban entre cuchicheos, con miedo a alzar la voz. Una señora, con el rostro completamente desencajado, llevaba un zapatito en la mano. “Señora, ¿qué ha pasado?” La señora volvió en sí de un respingo, miró levemente a mi abuelo y bajó la cabeza. “Yo… Creo que ya no necesitará este zapato. Quizá le vale a mi hijo”. Aceleró el paso y se marchó. Mi abuelo se acercó al corro y otro señor le contó lo ocurrido. Al parecer, un niño había sido devorado por uno o varios perros callejeros. Acababan de llevarse los restos del niño, y los perros habían huido. Nadie había aparecido reclamando la pérdida de ningún niño. Nadie conocía al niño. Y el hambre no era solo patrimonio de las personas.

Por un instante, mi abuelo deseó haber sido ese niño. Por un instante, deseó haber sido el perro. No pudo contener las ganas de vomitar.

Aceleró el paso. Supo que era el momento de volver a su casa, a la calle Encarnación. Mi abuela recibió la noticia con una sonrisa. Se besaron. A la mañana siguiente estaban camino de su casa de siempre.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Vie 26 Nov 2010, 20:46

Silencio. Callen todos. Ya comentaremos.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Dasten el Vie 26 Nov 2010, 23:57

"Por un instante, mi abuelo deseó haber sido ese niño. Por un instante, deseó haber sido el perro..."
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Sáb 27 Nov 2010, 01:20

Duro, muy duro ese final...hubo "demasiados perros y demasiados niños".
Impecable, Fernando. Y ese grotesco detalle final...muy bien traido. Es un hecho dantesco que encaja con total naturalidad en el contexto. Digo bien, con naturalidad, y esto es lo más terrible de todo.

De modo que tu tío-abuelo trató con don Vicente Blasco Ibáñez...ahí me has tocado la fibra, siento pasión por toda su obra. Si no he leído Cañas y Barro 4 o 5 veces...

P.D: A ver si puedo colgar mañana algo.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Sáb 27 Nov 2010, 11:36

Mi familia sigue tratando con los Blasco Ibáñez, pero (paradójicamente) ahora es por parte de padre. En el relato, volverán a salir en otoño de 1938, cuando tengan que huir de España.

Lo importante de todo essto e que no se olvide lo atroz que siempre es una guerra, por muy "justificada" que pretend estar.

En las guerras y en las crisis, siempre pagan más los más débiles.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Mar 30 Nov 2010, 17:35

VERANO DE 1937

La brisa marina se sentía desde cualquier rincón de la casa. El cuidado jardín que la bordeaba era el lugar ideal para que jugasen los niños, sin peligro de que les pasara nada. Aquellos tiempos no eran precisamente buenos para pasear por Triana, ni para ir a Las Canteras. Mi abuela se conformaba con tomarse una limonada bien fría en su jardín, mientras Begoña, el ama de cría, se encargaba de los cuatro niños.

Así transcurrió la Guerra para mis otros abuelos. Sin escuchar un solo tiro. Sin privaciones. Sin guerra. Estaban en Las Palmas de Gran Canaria.

Mi abuelo Luis también era Ingeniero de Caminos. Pero creo que era en lo único en lo que se parecía a mi abuelo Pepe. Ni en ideología, ni en vivencias, ni en forma de ser. No significa que su historia o su vida sea menos interesante, qué va. Es… distinta.

1896: Mi abuelo viene al mundo en los sótanos del Palacio Real de Oriente. Es el segundo de los tres hijos de José da Casa, gallego de Tuy, sirviente de palacio, bajo las órdenes del Duque de Sesto, mayordomo personal del Rey. Estaba casado con Dolores Calzada, asturiana de Miudes. ¿Por qué hablo de sus lugares de procedencia? Porque marcaron el devenir de la familia. Alfonso XII murió en 1885, y el Duque de Sesto cayó en desgracia, por la antipatía personal que le profería la Reina María Cristina, hastiada de que le “facilitara” diversiones a su marido con diversas cantantes y actrices de la época. Obviamente, aquello hizo peligrar el puesto de trabajo de mi bisabuelo, que escapó de las fauces del paro gracias a mi bisabuela, que era de Miudes… Al igual que también lo era el “Padre Montaña”, confesor personal de la Reina. Mi bisabuelo pasó, gracias a la recomendación de Don José Fernández Montaña, a servir a la Reina. Para que digan que el tráfico de influencias lo inventó el pesoe.

1900: Estando en San Sebastián, lugar habitual de veraneo de la Reina, mi bisabuelo creyó ver a un bañista en apuros y no dudó en intentar rescatarle… Sin saber nadar. Mi bisabuela, embarazada de mi tía Concha (no creo que el nombre venga de la playa…) se vio, de nuevo, en la calle. Y apeló de nuevo a su paisano de Miudes, quien consiguió que la Reina le concediese una pensión vitalicia, así como que se encargara de los estudios de sus hijos varones, Pepe y Luis. Pocos años después ambos se fueron a estudiar a un prestigioso internado en Arcachon (Francia).

1916: Muere mi bisabuela, y con ella la pensión… Mi tío Pepe emigra a Londres, y consigue un trabajo en la Embajada española. Mi abuelo, a cuyo cargo queda mi tía Concha, no tiene más remedio que compaginar sus estudios con impartir clases particulares.

Así que mi abuelo debe sus estudios a la “magnanimidad” de la Reina María Cristina, en una época en la que no existían subsidios de paro, pensiones por viudedad, becas para el estudio… Al menos, tal y como lo conocemos hoy en día.

Con todo esto, que nada tiene que ver con la Guerra Civil, he querido relatar sucintamente los orígenes de mi abuelo Luis, y el por qué de su apoliticidad. Siendo de cuna conservadora y monárquica, nunca se metió en cuestiones políticas. Quizá conocía demasiado de cerca lo que se podía llegar a cocer en ciertas esferas, y prefirió quedarse al margen. Eso sí, supo mantener el viento de popa, y llevó siempre su barco al destino más apropiado. Tenía “baraka”, como creo que también se dijo de un relevante personaje de la época.

“Baraka”, en 1929, cuando estando destinado en Tetuán conoció a mi abuela, gracias a la amistad común con el Alto Comisario Español en Marruecos, Conde de Jordana, quien llegó a ser Ministro con Franco.

“Baraka”, en 1935, cuando trabajando en su Madrid natal le ofrecieron el puesto de Ingeniero de Caminos en el puerto de Las Palmas. Su aceptación supuso “librarse” de la Guerra.

“Baraka”, en Julio de 1936, cuando regresó a Madrid para organizar la mudanza de los muebles de su casa de la Calle Ferraz hacia Las Palmas, y pudo coger el último avión que despegó hacia Canarias, el mismísimo día 18.

“Baraka”, en Septiembre de 1936, cuando le aconsejó a Pierre Thais, Vicecónsul de Francia en Las Palmas, que no organizara la evacuación de los franceses en Canarias (entre ellos, los Ingenieros de Caminos de la Sociedad Nacional de Obras Públicas y Marítimas), ante el miedo de que el crucero acorazado “Méndez Núñez” pudiera bombardear la ciudad. Este navío se encontraba en Fernando Poo al comenzar la Guerra, fiel al bando republicano, y se temía que pusiera rumbo a Canarias para iniciar su reconquista. En cambio, pasó de largo y se dirigió a Málaga. Su acierto en la predicción le supuso doble ventaja: por un lado, se granjeó la amistad de un fiel aliado que le podría suministrar información y alimentos (en caso necesario), y, por otro, la pérdida de los ingenieros franceses habría supuesto un gran retroceso en el desarrollo de varias infraestructuras que estaban en marcha.

Aquel verano de 1937 no fue especialmente recordado por mis abuelos Luis y Carmen. Fue uno más. Gracias, quizá, a su “baraka”.

No podrían decir lo mismo la mayoría de españoles, que siguieron sufriendo los horrores de una guerra que aún no había llegado siquiera a la mitad.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Mar 30 Nov 2010, 23:00

Desde luego no poca "Baraka" tuvieron en las Islas Canarias durante la guerra civil y, sobre todo, durante la 2a guerra mundial. Estaba en los planes de los Aliados y del Eje ocuparlas y sólo gracias a la hábil "no beligerancia" española se mantuvieron a salvo de calamidades.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Dasten el Mar 30 Nov 2010, 23:11

Para tener baraka en el "juego", primero tienes que saber jugar para sentarte a la mesa...con la persona adecuada, en el momento adecuado y en la mesa adecuada Alegria 2
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Miér 01 Dic 2010, 23:33

Grande Fernando, muy original el enfoque literario sobre la "baraka", me encanta esos detalles en una narración del tipo. Ay, Las Canarias, anda que si la Operación Félix llega a cuajar...

Por fin tengo tiempo y cuelgo otra parte:

LA DESGRACIA Y LOS PERIQUITOS

1936 fue un año duro. Claro que todo depende con qué y con quién se compare. Mi abuela Carmen, siempre devota de su Virgen de la Fuensanta, no dudaba en mencionarla a modo de agradecimiento por no haber padecido el gran tormento que, tras la muerte y el asesinato, azotó Madrid aquel año: el hambre. Tanto ella como mi tía Ángeles recordaban, no obstante, que de haber permanecido en la capital más allá de 1937, ese espectro secular al que tan justa alusión hizo Fernando, acaso hubiera visitado a la familia Marcos-Vives. Relataba mi abuela cómo un vecino cualquiera, en un alarde de dignindad antaño impensable, suplicó a mi bisabuelo la mínima ayuda posible para varios medicamentos de vital importancia. La Seguridad Social quedaba lejos entonces, hasta la llegada de Girón de Velasco. Parece ser que, por medio de otros contactos, pudo mi ancestro conseguir la medicación, con el emocionado agradecimiento del afectado. Que el hambre no llamara a la puerta no significó que la estrechez pasara de largo. No lo hizo. Mi bisabuela María administraba cada ración de alimentos como si ese día fuera a ser el último...pero, en homenaje a mi abuela del alma diré que sí, que efectivamente y gracias a la Fuensanta, tenían alimentos, podían comer, y no pasaron hambre.
¿Cuánta gente moriría de hambre, cuál sería la mortalidad infantil en el Madrid de la guerra? Estudiado está, y prefiero no volver a mirar aquella dantesca estadística que dieran los hermanos Salas Larrazábal. Sus mayores enseñaron siempre a mi abuela Carmen que era una privilegiada, porque no pasar hambre y penuria aquellos días era exactamente eso: un privilegio. "Tuvimos suerte, gracias a Dios, tuvimos suerte", decía. Y tuvieron suerte porque, mal que bien, la empresa de transportes continuó funcionando, no llegó el hambre y, sobre todo, por las dos veces que la fortuna primero, y la humanidad después, salvaron la vida de su padre.
Sí, El Sol, Agencia de Encargos y Transportes, siguió su camino. No sería justo que yo tildara aquel negocio de oportunista, pues nació años antes de cualquier guerra; no diré pues oportunista, pero sí oportuno. Aquella empresa fue un negocio oportuno en tales momentos por razones obvias: el terror conllevó la huida y desplazamiento de numerosas familias más o menos pudientes a lugares de menor riesgo y, en aquel contexto, El Sol hizo y tuvo su papel, con el natural beneficio para mi familia.

Dije antes "mal que bien". Al comenzar la guerra, la flota de camiones de la agencia contaba con unos 30 y varias furgonetas Berliet. En 1940, decía tía Ángeles, que lo recordaba mejor, quedó reducida a unos 13 o 14, amén de perder todas las Berliet que, como el Studebaker en su momento, pasaron a cumplir servicios de mayor relevancia...o eso decían al menos quienes los requisaron. Requisar, aquella palabra exculpatoria de tantos robos y saqueos cometidos por ambos bandos en la guerra.
No somos capaces de imaginar siquiera la cantidad bárbara de propiedades, documentos y recuerdos, tantísimos recuerdos en forma de los más humildes objetos, que se llevó la maldita guerra. Como estoy convencido y está demostrado, quiero insistir que en ésta locura estuvieron implicados ambas partes. Yo cuento lo que tocó a mi familia, sus vivencias, y lo que me han transmitido. Así, se recordaba entre mis mayores un suceso terrorífico que venía comentando la gente: los saqueos en los Montes de Piedad. Lo pavoroso del episodio no fue tanto en el plano familiar, que en nada afectaba. Lo lamentable del hecho resultó del pillaje y saqueo de gran cantidad de bienes que allí depositaron familias modestas y de escasos recursos. En nuestro entorno se conoció relativamente de cerca, porque al parecer afectó a algún trabajador de la empresa.
Por lo que recordaban mis familiares, las requisaciones tuvieron lugar primero en Madrid, y la segunda, más contundente, ya en Murcia. De la primera no se recuerda mucho; yo imagino que mi bisabuelo se vería en una situación peligrosa y no era opción recomendable para un "fascista" negar a las milicias cualquier cosa. Bien sabría el abuelo Santiago que uno o veinte camiones era el bien menor que podría perder, dada la situación. Pienso que, de nuevo la suerte, siempre caprichosa, estuvo con ellos. Que para esa gente él era un derechista, un señorito, un burgués, no alberga duda. ¿Por qué no le detuvieron por el simple hecho de serlo, como ocurrió con otra gente de similar condición?. Los camiones, de tan útil servicio entonces, no debían ser una excusa. Te quito lo que tienes y además te mato. ¿Cuántas veces sucedería esto durante la guerra?. Mi abuela imaginaba, tiempo después, que la imposibilidad a la hora de demostrar su filiación a Renovación Española por aquellas gentes, fue lo que le salvó la vida en Madrid. Eso creo yo también. Y de nuevo saco a pasear a la suerte. ¿Acasó no fueron asaltadas y registradas todas las sedes de Renovación y demás partidos políticos partidarios del alzamiento? ¿No encontraron su nombre en una fatídica lista de afiliados?. Sea cual fuere la razón, no sucedió lo peor...pero qué fácil habría sido.

Una curiosidad. La España de los años 30 y sus gentes componían, como es lógico, una sociología muy distinta de la actual. En la contextura vital de muchas personas, la tradición oral, asociada al sentido del deber para con sus mayores, así como a determinadas supersticiones, dichos o costumbres, estaba a la orden del día. En la oficina de "El Sol", tenía mi bisabuelo en una de las salas cercanas a su despacho, dos enormes jaulones, de pared a pared, repletos de periquitos. Por lo que contaba mi abuela solían llamar mucho la atención de los clientes, pues por aquel entonces no debía ser un pájaro doméstico demasiado extendido. Sentía pasión por sus periquitos, y muchas veces relató su hija aquella imagen de su padre, feliz con los pericos mientra les hablaba y silvaba con cariño...para a continuación, siempre advertirme que nunca tuviera tales pájaros, pues "daban mala suerte". Posteriormente, por mera curiosidad, descubrí que, efectivamente, había personas que compartían el aserto. ¿De dónde llegaría esa mala fama, cuál sería la razón?.
Los periquitos llegaron la empresa poco antes del tiroteo de la calle Gravina, de las amenazas, de la requisación del Studebaker, camiones y furgonetas de la agencia...del auténtico miedo. Y mi abuela, persona culta pero de una generación muy distinta, asoció hasta su muerte a los periquitos con la desgracia. ¡Periquitos no, hijo, que traen mala suerte!

José Antonio Marcos, médico de prestigio por entonces en el viejo Reino de Valencia y padre de mi bisabuelo esperaba, tenso e impaciente, la llegada de la familia. Todos regresaron a Murcia en el verano de 1937, para trasladarse poco después a Villa California, su residencia de verano en Santo Ángel, en pleno monte, cercano al Santuario de la Fuensanta...y don Santiago Marcos Galvez vivió el peor momento de su vida cuando, en una cálida noche de Agosto, tres personas llamaron a la puerta.


CONTINUARÁ.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Vie 03 Dic 2010, 18:52

Sí traen mala suerte los periquitos, sí... Sin ir más lejos, el fin de semana pasado.

Sauron, perdona el off-topic, pero como colchonero que me consta que también eres, tú me entiendes...
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Vie 03 Dic 2010, 21:39

Sauron, tu relato, como el de Fernando, es auténtica "literatura". Gracias a ambos.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Sáb 04 Dic 2010, 00:39

Calla Fernando, por el amor de Dios, vaya semanita...

Aeno, esperamos tu pronta participación con cualquier narración, tienes donde escojer...tírale al saqueo de...y ELLA en la puerta, granada en mano...no, mejor dejemos eso para las sobremesas Mucha risa
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Lun 13 Dic 2010, 17:19

OTOÑO DE 1937

Ya estaban de vuelta en casa. Bueno, casi… Aunque los bombardeos habían bajado muchísimo en intensidad, los edificios que permanecían en pie no eran del todo seguros. El que más y el que menos había soportado la caída de unos cuantos obuses, y todos tenían daños que podían afectar a su estabilidad. Si a eso se sumaba que cuanto más alto fuera un piso más fácilmente era blanco de nuevas bombas, pues no hacía falta estudiar física ni estadística para saber que era muy peligroso habitar las plantas altas de los edificios. Así que mis abuelos no tuvieron más remedio que compartir el piso de la planta baja. El resto del edificio permanecería cerrado hasta el final de la Guerra.

Otra vez a compartir casa extraña, como en la Fuente del Berro. La sonrisa que llevaba mi abuela el día que volvieron a su barrio fue desapareciendo poco a poco, a medida que aumentaban sus preocupaciones. Menos mal que en el edificio sólo quedaban los Manzano, que eran cuatro de familia. Y el piso era grande, por lo que no sufrieron excesivas estrecheces ni incomodidades. Pero como la casa de uno… Además, la calle ya no era “Encarnación”. El Ayuntamiento había suprimido todos los nombres religiosos o monárquicos de las calles. Ahora se llamaba “Amadeo Vives”. Acabada la Guerra, volvió a cambiar de nombre, esta vez adoptó el del cartagenero “Serrano Súñer”, y no volvió a ser “Encarnación” hasta bien entrada la democracia. Pero para mis abuelos, siempre fue la calle de la Encarnación. Como tié que ser. Ay, la política…

La primera noche fue un suplicio. Mi tío Perico no estaba para nada contento con el retorno al hogar. Aún tenía grabado en su mente el último obús, del que salvó la vida milagrosamente. De hecho, en cuanto torcieron la esquina de la calle de la Bola y reconoció la casa, una mueca de espanto le transformó la cara. Dio media vuelta y echó a correr calle arriba, como si le persiguiera el diablo. Parecía que no le costaba subir la pronunciada cuesta, y que su torpe cuerpo de señorito estaba hecho para batir el record de los cien metros lisos. Afortunadamente Carmen estaba en mejor forma física que él, y pudo alcanzarle a la altura de la carbonería de la familia Verdasco, que también regentaba (y regenta) una humilde taberna que había enfrente…Umm, qué cócido. Que los “Lhardyanos” me perdonen, pero el de “La Bola” está mejor.

Que no me quiero desviar, que estos posts se hacen muy largos… Mi tío Perico volvió, empujado por Carmen, llorando. “No quiero subir, no quiero subir”. Paradojas de la vida, no tuvo que subir. Aún no sabían que no podían, y que tenían que compartir la planta baja. Gracias a eso, mi tío se conformó, al menos de momento. Pero en cuanto llegó la hora de dormir… Las pesadillas no le dejaban. Ni a él ni a nadie en toda la casa. Gritaba como si le estuvieran asando a fuego lento. Mi tía Pilarín lloraba, mi madre lloraba, los Manzano lloraban, mi abuela lloraba… “¡Perico, eres un tormento! ¡Bastantes problemas tenemos ya como para tener que aguantarte!¡Eres mi cruz!” Estas frases, acompañadas de una severa colleja, fueron repetidas por mi abuela millones de veces. Quizá empezaron en Guerra, pero se acostumbró tanto a ellas que ya no se deshizo de la costumbre hasta la muerte de mi tío, en 1994.

Mi abuelo tuvo que recurrir a sus contactos en el Ayuntamiento para conseguir un salvoconducto especial para mi tío. O eso, o acababan todos locos. Partió hacia Valencia, a casa de su prima Asunción. No regresó a Madrid hasta el 25 de Abril de 1939, con otro salvoconducto especial expedido el día 10, y vivió el resto de la Guerra de manera relativamente tranquila. Para que luego dijeran que era tonto. Ja.

Mientras tanto, aquel Otoño de 1937 seguía siendo durísimo. La Propaganda oficial pregonaba las victorias republicanas en Brunete y en Belchite, la ciudad entera estaba repleta de sábanas con el lema “No pasarán”, ideado por Dolores Ibárruri, y los cines se llenaban de gente para ver “Nobleza baturra” o “Morena Clara”. Pero a pocos se les escapaba la situación real: el Frente Norte había caído, y con él las principales industrias siderúrgicas; el Gobierno de Negrín, completamente radicalizado y dominado por Moscú, estaba realizando una “represión silenciosa” de cualquier oposición interna a sus ideas, con misteriosas desapariciones de republicanos de distinto signo, desde anarquistas hasta centristas, toda vez que discreparan con la “voz oficial” stalinista; la moral de la población, de la tropa y hasta de los políticos estaba por los suelos, aunque no lo quisieran reconocer. El Gobierno, no obstante, ordenó movilizar a toda la población civil, para realizar un servicio útil a la patria: todo hombre o mujer que supiera o pudiera empuñar un fusil, trabajar en una fábrica o colaborar en el campo, debía hacerlo. Mi tío Joaquín fue reclutado para trabajar en una fábrica de armas en Toledo. Mi abuelo Pepe se incorporó al Ejército el 10 de Diciembre, como Ingeniero con la categoría de Comandante. Mi tío Paco continúo su labor política en Madrid, ante la escasez de dirigentes políticos en la Villa. O habían huido (como el Gobierno, establecido en Valencia) o habían sido purgados.

Mi abuela Pilar, a pesar de renegar tanto de su hermano, le echaba de menos. En definitiva, era lo único que la unía ya a su pasado torrevejense. Cada vez que se cruzaba con él, recordaba quién era. Cada vez que le regañaba, se acordaba de su madre. Doña Pilar Bianqui Gutiérrez, madre estricta, clasista y que lucía con orgullo su ascendencia italiana. Una noche de aquel otoño, mi abuela sufrió una aparición, de esas del hilo de “Fenómenos extraños”. Se levantó a por un vaso de agua, y el brillo de la luna le reflejó la imagen de su madre. Bastante más delgada, con el pelo canoso y en camisón, pero era ella. Mi abuela se quedó petrificada. El vaso se resbaló de su mano y derramó el agua a sus pies, aunque sorprendentemente no se rompió. La fría humedad que recorrió sus dedos le hizo volver en sí, y se agachó a recoger el vaso. Le aterraba girar la cabeza y volver a verla. Cerró los ojos fuertemente y respiró. Se levantó muy lentamente, esperando alguna palabra de reproche, echándole en cara que se hubiera desprendido de su hermano. Cuando, por fin, alzó la mirada, no encontró a su madre. Estaba frente a un espejo, que le devolvía la triste realidad. Era ella misma, que no se reconocía. Tenía 31 años recién cumplidos, y parecía una anciana. Más flaca que nunca, los ojos perdidos, el pelo cano. “De todas formas, es una señal”, pensó. Nunca más, pasara lo que pasara, volvería a caer en ese estado. Ella no había nacido para ser una muerta viviente. “Jamás me verán mis hijas con canas”. Y así fue. Pasó hambre y penurias durante muchos más años, la vida le dio golpes durísimos, pero nunca permitió que se le notara. Esa noche fue la última que pasó sin su pelo negro azabache. Lucía se encargó de teñírselo a la mañana siguiente.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Lun 13 Dic 2010, 17:40

Ya tocaba, sí señor. A ver si puedo acabar el mío mañana o pasado.

Que los “Lhardyanos” me perdonen, pero el de “La Bola” está mejor.

Dios mío, qué tu sentencia haya tenido que salir de éstas palabras. Aeno estará conmigo: NO QUEDA SINO BATIRNOS.

los cines se llenaban de gente para ver “Nobleza baturra” o “Morena Clara”

Interesante referencia que vendría bien a esa patulea de analfabetos que durante tantísimos años acusaron a éste tipo de cine de ser "cine franquista", cuando precisamente Nobleza Baturra fue uno de los grandes hitos taquilleros, símbolo de la España republicana.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por jarm el Lun 13 Dic 2010, 22:19

Impresionante el hilo... impresionante.

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Dasten el Lun 13 Dic 2010, 22:27

jarm escribió:Impresionante el hilo... impresionante.

Pues yo ya estoy como tú en la "galería del pintor": allí miro, aquí leo Adorar Derecha
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Lun 13 Dic 2010, 22:55

Fernando escribió:Pero a pocos se les escapaba la situación real: el Frente Norte había caído, y con él las principales industrias siderúrgicas; el Gobierno de Negrín, completamente radicalizado y dominado por Moscú, estaba realizando una “represión silenciosa” de cualquier oposición interna a sus ideas, con misteriosas desapariciones de republicanos de distinto signo, desde anarquistas hasta centristas, toda vez que discreparan con la “voz oficial” stalinista; la moral de la población, de la tropa y hasta de los políticos estaba por los suelos, aunque no lo quisieran reconocer.

Ese fue, desde mi punto de vista, uno de los principales problemas del bando llamado "republicano", la falta de unidad. No se puede ganar una guerra si no hay unidad y una verdadera cadena de mando. La gran mayoría de los altos mandos del ejército estaban en el bando "republicano" pero las diferencias entre políticos y la intromisión de estos en la jerarquía militar dio al traste con lo que, con la ayuda material soviética, pudo ser un ejército que ganara la guerra.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Mar 14 Dic 2010, 00:30

aenobarbo escribió:
Fernando escribió:Pero a pocos se les escapaba la situación real: el Frente Norte había caído, y con él las principales industrias siderúrgicas; el Gobierno de Negrín, completamente radicalizado y dominado por Moscú, estaba realizando una “represión silenciosa” de cualquier oposición interna a sus ideas, con misteriosas desapariciones de republicanos de distinto signo, desde anarquistas hasta centristas, toda vez que discreparan con la “voz oficial” stalinista; la moral de la población, de la tropa y hasta de los políticos estaba por los suelos, aunque no lo quisieran reconocer.

Ese fue, desde mi punto de vista, uno de los principales problemas del bando llamado "republicano", la falta de unidad. No se puede ganar una guerra si no hay unidad y una verdadera cadena de mando. La gran mayoría de los altos mandos del ejército estaban en el bando "republicano" pero las diferencias entre políticos y la intromisión de estos en la jerarquía militar dio al traste con lo que, con la ayuda material soviética, pudo ser un ejército que ganara la guerra.

Y la fuerza naval, y la industria, y las reservas de oro...

En la militarización de las milicias que hizo el PCE, mal vista por varios de sus "compañeros" de armas, fueron los únicos en ese esperpento -esperpento con algunos magníficos militares, por cierto- que fue el Ejército Popular que tuvieron una idea clara y meditada de lo que suponía un ejército de verdad, y aquí entramos en el ámbito estríctamente militar de la guerra. Si no es por ellos, los nacionales habrían aplastado a los republicanos/frentepopulistas muchísimo antes. Recordadas son las disputas años después entre Líster y algunos anarquistas, acusándose mutuamente del fracaso del Frente Popular en la guerra...

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Mensaje por Sauron el Miér 15 Dic 2010, 17:40

Mientras acabo el siguiente texto de remembranzas familiares, cuento algo. Ayer tuve en inmenso placer de charlar un buen rato con un viejo combatiente de la guerra. Lo llevaron al frente con 17 años, junto a otros muchos de su quinta, conocida popularmente como "la del biberón"; estuvo en Guadalajara y, cómo no, recuerda la catástrofe italiana de los Corpo di Truppe Volontarie (CTV) y la alegría y enorme ánimo que supuso entre los frentepopulistas ésta gran victoria; la tropa no dudaba entonces que ganarían la guerra. Después, me contó, le destinaron a la 35 Brigada Mixta de Mera, y luchó en aquel infierno que fue Brunete para las tropas gubernamentales, donde "dejé muchos amigos". Le pregunté por documentos, uniformes o condecoraciones. Me dijo que a los pocos meses de regresar del frente a Cartagena quemó todo cuanto tenía que pudiera recordar lo que pasó en la guerra.

Tres frases de la conversación:

"El que no ha estado luchando en una guerra no puede siquiera imaginar qué significa y aún menos las sensaciones del momento...no se puede explicar"

"En Brunete, los carros de combate nos pasaban por encima, llegaba un momento que no veías de donde venían"

"En uno de los combates, tenía cerca de mí a un sargento y su hijo; el hijo, que se desangraba, le decía al padre: papá, ayúdame, me han herido, a lo que el padre respondió: agunta hijo mío, aguanta, que a mí también".

En una década apenas quedará nadie que viviera en sus carnes lo que fue aquello. Cualquier testimonio vivo es un tesoro, y casi una enseñanza.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Perico_pelao el Vie 17 Dic 2010, 08:53

Esta mañana buscando otra cosa he encontrado esto, al margen de la ideología de la web, las fotos y lo que cuenta es interesante.
http://grupolibertariolosnadie.blogspot.com/2010/07/cartagena-el-bombardeo-de-las-cuatro.html
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por SILVERSURFER el Vie 17 Dic 2010, 11:48

Queipo de Llano, desde su emisora de Radio en Sevilla, predijo los acontecimientos amenazando a la población civil y diciendo textualmente: ''Cartageneros os acordaréis de mi nombre, será tan duro el castigo que acabaréis corriendo como conejos hacia vuestras madrigueras'', haciendo referencia a las cuevas que la población empezaba a adecuar.

Destaco esto, para comentar lo siguiente, desde niño he oido siempre de mis mayores, gente que vivió la guerra en sus carnes siendo niños y sigo oyendo alabanzas hacia el franquismo con respecto al buen trato que recibió Cartagena despues de la guerra, comentarios tales como "nos trajo las grandes industrias del valle de escombreras", etc...y depues de años reflexionando no puedo tener una opinion en contra mas clara, Franco y sus altos mandos odiaban Cartagena desde lo más profundo de su ser, por esto mismo que cuentan en la pagina que ha reseñado Perico, que efectivamente fuera de ideologias, creo que no explican nada que no se ajuste a la realidad de lo sucedido, ese odio visceral podriamos fundamentarlo en los siguientes puntos:
1-en 1873, 63 años antes del comienzo de la guerra civil, Cartagena sienta un precedente clarisimo sobre el republicanismo más progresista y una fuerte creencia en el estado federalista, 63 años es muy poco tiempo. Mal precedente para la ciudad, una ciudad que no solo habia demostrado un caracter abiertamente progresista, sino tambien combativo.
2-la mayor base naval y arsenal de España en esos tiempos.
3-puerta de entrada de las armas sovieticas, armas que causarán numerosas bajas en las filas nacional-golpistas.
4-el aciago, triste y desquiciante episodio, que supuso para el mismisimo Franco, el fracaso de la rebelion quintacolumnista de los franquistas de la base naval cartagenera, a un mes del termino de la guerra civil, culminado todo ello por la actuacion de la Brigada Mixta 206 desde la Bateria de la Parajola enviando al fondo del mar al Castillo Olite y la mayor parte de los casi 1.500 efectivos que transportaba, entre los que se encontraban gran parte de su oficialía que supuestamente formarian los sumarisimos consejos de guerra y tambien recordar que la mayoria de las tropas embarcadas eran paisanos del ferrolano que dirigió España las cuartro decadas siguientes.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Vie 17 Dic 2010, 18:09

No quisiera desviar el hilo, ya que el propósito del mismo NO es debatir sobre la guerra civil española, pero en fin.

Por ahora, un único matiz: creo que es muy aventurado uniformar una sociedad políticamente, y me refiero al "una ciudad que demostró un carácter abiertamente progresista", y por supuesto no me voy a retrotraer a la I República, pero sí diré que por ejemplo en las elecciones de 1933 el conservadurismo, de un tipo u otro, logró en Cartagena más del 40% del voto, y no obstante ganó en la segunda vuelta el PSOE.

Con esto quiero decir que, efectivamente, en épocas pasadas, existió una mayoría de electores que votaron izquierda o centro-izquierda, pero en modo alguno puede darse una visión o interpretación unívoca de la sociedad cartagenera de entonces.

(Como dato curioso, creo que fue en 1933, amén de en los distritos urbanos más o menos acomodados del Casco, también ganaron los conservadores en los distritos 7 y 9, ámbitos campesinos de tradición conservadora)
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Vie 17 Dic 2010, 18:24

Volvamos a las "vivencias", volvamos a los testimonios vividos en su momento en primera persona y transmitidos para nuestro mayor conocimiento de la realidad cotidiana de entonces. Lo otro no es objeto del hilo ni de tribunales retroactivos, es competencia de historiadores que son los que investigan la historia, que es una ciencia.

La memoria en tanto que individual no es historia. Sigamos con la primera.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por francgain el Vie 17 Dic 2010, 20:07

aenobarbo escribió:
La memoria en tanto que individual no es historia. Sigamos con la primera.

Lamento no estar de a cuerdo con esta afirmación, explíqueme si no como llegan a nosotros tantas historias de antaño......siempre es el "cuento" de "uno" que se va haciendo grande y termina incluso por ser casi casi verdad.
O es que no es cierto del todo????? scratch
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por SILVERSURFER el Vie 17 Dic 2010, 20:20

Volvamos a las "vivencias", volvamos a los testimonios vividos en su momento en primera persona y transmitidos para nuestro mayor conocimiento de la realidad cotidiana de entonces. Lo otro no es objeto del hilo ni de tribunales retroactivos, es competencia de historiadores que son los que investigan la historia, que es una ciencia.

La memoria en tanto que individual no es historia. Sigamos con la primera.

Cuanta razon tienes Aeno, de nuevo pido disculpas por permitirme apreciaciones personales, las cuales han podido, otra vez, herir susceptibilidades, aparte de no ser este su hilo.

Lo que estoy pensando ahora mismo es que podria ser interesante abrir un hilo sobre Cartagena en la epoca del "caudillo" y a quien le interese que entre y al que no, pues ya sabe. Seguro que seria del gusto de más de uno poder expresarse sobre el tema y quizá surgieran datos, experiencias y conclusiones interesantes.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Vie 17 Dic 2010, 20:29

SILVERSURFER escribió:Lo que estoy pensando ahora mismo es que podria ser interesante abrir un hilo sobre Cartagena en la epoca del "caudillo" y a quien le interese que entre y al que no, pues ya sabe. Seguro que seria del gusto de más de uno poder expresarse sobre el tema y quizá surgieran datos, experiencias y conclusiones interesantes.

Sin duda, así es.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por aenobarbo el Vie 17 Dic 2010, 20:53

francgain escribió:
aenobarbo escribió:
La memoria en tanto que individual no es historia. Sigamos con la primera.

Lamento no estar de a cuerdo con esta afirmación, explíqueme si no como llegan a nosotros tantas historias de antaño......siempre es el "cuento" de "uno" que se va haciendo grande y termina incluso por ser casi casi verdad.
O es que no es cierto del todo????? scratch
Se acaba de cargar Ud. a sus 4 evangelistas!!!!! :disimulo2: y a cada uno por separado....en un simple post Je

Mi Comandante:

La Historia es una empresa de investigación científica supraindividual porque en la tarea intervienen historiadores, fondos culturales, políticos, etc. Igualar términos como "memoria" e "historia" supone entrar en contradicción porque, a lo sumo, podríamos hablar de "actitudes acerca de la historia", memoria colectiva, actitudes comunes, ideas comunes acerca del pasado reciente.

Otra cosa es la "historia oral", que es una metodología válida, pero sus fuentes no son la historia objetiva sino las versiones subjetivas que hay que contrastar con otro tipo de fuentes más objetivas. Proporciona una información sin duda muy interesante pero como tal metodología hay que gobernarla de acuerdo a su condición.

Lo de los Cuatro Evangelistas no lo entiendo.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Sauron el Sáb 18 Dic 2010, 00:29

No hay mucho más que decir, si alguien cree conveniente la apertura de un hilo dedicado en exclusiva a la República y la Guerra Civil, en su derecho está de abrirlo. Y otros tantos, de entrar en él y opinar o no.

Sobre la historia y la memoria, no puedo añadir mucho más a lo dicho por Aeno. La historia es una ciencia viva, está en continuo estudio y revisión. Los hechos objetivos del ayer pueden ser reinterpretados en un futuro, como tantas veces la historia ha demostrado. El testimonio oral es una fuente histórica importante, pero siempre complementaria de otros estudios de tipo documental y bibliográfico.

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Dom 19 Dic 2010, 20:59

INVIERNO DE 1937-1938

Parecía que las cosas estaban mejorando. El frío volvía a ser terrorífico, pero cada vez caían menos bombas sobre Madrid, iban a pasar las Navidades en casa y parecía que ya no tenían tanta hambre. Por fin, entraba algo más de comida a casa, al margen de las escasísimas viandas proporcionadas por las cartillas de racionamiento. Cuando llegaba mi abuelo al barrio en su flamante coche oficial, después de una jornada de trabajo en el campo, todos los vecinos sonreían. Algo habría para ellos. Faustino, el chófer, les entregaba a Lucía y a mi abuela lo conseguido. Sentadas en sencillas sillas de anea, enmarcadas por el magnífico portal del edificio, iban repartiendo los alimentos entre todos los vecinos. Estos formaban cola ante ellas, con sus bolsas y capazas. Mi abuela y Lucía informaban del precio que había tenido que pagar mi abuelo por aquellas patatas o por estos tomates. Pero si quien acudía no tenía dinero, también se llevaba su parte. Todos se conocían, y no había lugar para la picaresca. Ni de unos, ni de otros. Más bien, mi abuela solía salir perdiendo, ya que siempre se quedaban con el “fondo” del saco: los tomates pochos, las lechugas desmochadas, las lentejas con mayor ración de piedras… Pero era feliz. Sus hijas podían comer mejor, y todos los vecinos le estaban agradecidos.

Mi abuelo tenía la misión de reconstruir carreteras y levantar nuevos puentes, en aquellos lugares que el alto mando militar consideraba que tenían valor estratégico. Afortunadamente, siempre eran zonas de retaguardia, que unían la capital con Levante y Cataluña. Zonas agrícolas y pobres, donde la miseria era compañera de las vidas de sus gentes sin necesidad de que hubiera una guerra. Donde apreciaban mucho más el valor de unas monedas a cambio de las raquíticas hortalizas que pudieran recolectar en sus humildes huertos.

Fue una época relativamente tranquila para mis abuelos. El podía desarrollar un trabajo eficaz y útil para la República, en tareas donde se movía como pez en el agua. Sus temores a que le obligaran a empuñar un arma se disiparon desde el primer día, cuando pudo comprobar con agrado que todos le respetaban y admiraban como Ingeniero, y se sentía valorado hasta por el fanático más peligroso, el anarquista más sanguinario o el militar más vehemente. Por otra parte, había encontrado cierto equilibrio emocional y físico, al ver que su labor también ayudaba al bienestar no sólo de su familia, sino de todo su barrio y de los pobres campesinos con los que se cruzaba por aquellos campos. Cuando regresaba a casa, después de asearse un poco y besar a mi abuela y a sus hijas, le gustaba salir a la calle y observar cómo Lucía y mi abuela realizaban el reparto. Había días que no conseguía más que unos pocos kilos de patatas, o una docena de huevos, pero daba igual. Sentía la felicidad de mi abuela repartiendo lo poco o mucho que trajera, y veía la comitiva de vecinos ante ella como pastores acudiendo al Portal. Qué curioso, y eso que él no era muy creyente que digamos… Pero sabía que aquellas Navidades serían mejores que las anteriores.

Aunque el General López Antequera, entrañable militar monárquico retirado, conservador y protocolario, estaba bastante molesto. No olvidaba que mis abuelos le habían salvado la vida en un par de ocasiones, al inicio de la Guerra, cuando le escondieron en su casa ante las batidas milicianas. Pero de lo que se había enterado aquel 24 de Diciembre de 1937, no lo podía tolerar… “Pilar, sé que tu marido no está en casa, pero no puedo esperar para mostraros mi estupefacción ante lo que ha llegado a mis oídos”. Con su uniforme y sus medallas, era un hombre que imponía, y mi abuela estaba desconcertada. Le invitó a pasar, pero él rechazo el ofrecimiento. “Os estáis portando muy bien con el reparto de alimentos, pero eso de esconder una vaca y no compartirla, justo en estas fechas, me parece una inmoralidad”. El desconcierto aumentó. “¿Una vaca? ¿Que tenemos una vaca? ¿Quién ha dicho eso?”. “Tu hija Pilarín, esta misma mañana. Se lo ha contado a mi hijo. Y además ha dicho que tú le habías prohibido contárselo a nadie, porque era vuestra cena de Nochebuena y que eso no se podía compartir”. Mi abuela rió hasta desencajarse. Perdió la compostura, lloró de risa hasta no poder más. El General, colorado como un tomate pocho del fondo del saco, estaba a punto de perder los nervios. En ese momento, mi abuela, saltándose cualquier norma de protocolo que en cualquier otra ocasión hubiera supuesto un gesto de excesiva confianza con aquel señor tan rimbombante, le cogió de la mano y sin mediar palabra lo llevó a la cocina. Allí señaló con el dedo hacia la mesa, en cuyo centro se hallaba un minúsculo conejo de apenas kilo y medio, aún sin despellejar. El general besó la mano de mi abuela, le sonrió levemente y le dijo: “Será nuestro secreto. Dejemos que tu hija piense que se va a comer una vaca ella sola”.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Miér 22 Dic 2010, 19:46

PRIMAVERA DE 1938

En Abril parecía que la Guerra estaba llegando a su fin. Las tropas de Franco, después de haber reconquistado Teruel, habían logrado romper la zona republicana en dos y ya alcanzaban el Mediterráneo. Desde Vinaroz podían ejecutar fácilmente la marcha sobre Cataluña o, si lo preferían, caer sobre Valencia. Muy pocos republicanos tenían fe en que la situación pudiera dar un giro. Por no decir ninguno.

Mis abuelos y su familia no eran ninguna excepción. Procuraban no hablar mucho sobre el tema, y realizar una vida lo más cercana posible a la normalidad, acostumbrados ya a un clima de escasez, frío y miedo. Mi tía Pilarín jugaba a ser un obús, que caía encima de mi madre y la hacía llorar. Lucía daba rienda suelta a su imaginación para variar los menús diarios, y hacer apetecible la triste llegada de la hora de comer. “Platillos de bechamel”, “Tortitas de arroz”, “Tortilla de patatas sin huevo y sin patatas”, eran algunas de sus creaciones, con más nombre que alimento… Para combatir el intensísimo frío del invierno anterior, y ante la escasez de carbón, no hubo más remedio que ir quemando algunos muebles, cuidadosamente despedazados. Al principio, se seleccionaban los menos valiosos. Pero llegó un momento que hubo que variar la “política económica”, para optimizar recursos. Y se optó por echar al fuego los menos útiles que, paradójicamente, eran los más caros. La cómoda de la bisabuela, el “atelier” del tatarabuelo, aquel sillón incómodo que no usas, no, ese no, que es un regalo de bodas de mi tía, mejor el paragüero, Jesús, qué desastre, Lucía, baje el cabecero de mi cama…

Era para lo único para lo que subían a su casa. Después de consensuar cuál sería la siguiente víctima, Lucía y Carmen entraban en el cada vez más destartalado piso para buscarla. Después la descuartizaban e iban utilizando sus diversas partes poco a poco. Hoy cocinaremos con una pata de la cómoda, la repisa servirá para caldear la casa durante tres días… Generalmente, mi abuela no las acompañaba. Bastante tenía con decidir qué pieza sacrificar. Pero un día decidió ir sola, para ver cómo estaba su casa. Sabía que podía costarle una depresión, pero se armó de valor y -sin decir nada a nadie- subió. Recorrió muy despacio todas las estancias de aquella enorme casa. El salón, inmenso, con su gran chimenea y vistas a palacio… El despacho, magnífica obra de talla castellana, salvado de la quema por unanimidad…Salió bastante reconfortada. Al fin y al cabo, la casa no estaba tan mal, y aparentemente no se echaba de menos a demasiados muebles. Se disponía a regresar a la planta baja cuando unos jadeos en la escalera la asustaron. Había alguien escondido, quizás herido… Bajó hasta el rellano siguiente, justo donde percibió que se movía algo. En cuanto se acercó…”¡¡Qué cochinada!! No tenéis vergüenza, aquí viven niños”. Una pareja de milicianos (Entiéndaseme, un miliciano y una miliciana) estaban haciendo el amor, sin pudor ninguno. El chico, sin variar su ritmo ni alzar la vista, le dijo: “Señora, pues si le molesta, ni los traiga ni mire”. La chica, sin variar su ritmo pero mirando a mi abuela con sonrisa burlona, le dijo: “O mejor, tráigalos para que aprendan”. Mi abuela bajó las escaleras tan rápidamente como pudo, y no volvió a subir hasta que acabó la Guerra. Dio órdenes estrictas a Lucía y a Carmen de que, bajo ningún concepto, dejaran acercarse a las escaleras a mi madre y a mi tía.

Por otra parte, en Ciudad Lineal tampoco escapaban de las quemas… Aunque no hizo falta deshacerse de ningún mueble. Mi tía Arsenia tuvo la genial idea de ir quemando poco a poco la edición completa de la Constitución que había editado mi tío Paco. Eran 5000 ejemplares de “Rústica”, más otros 500 de “Lujo”. Tenían de sobra para aplacar fríos. Ni siquiera mi propio tío Paco se quejó de aquello. Una muestra más de la poca fe que le quedaba en “su” República. Las noticias que le llegaban del frente, y de Valencia, eran peores de lo que podía siquiera decir a su familia. Sabía que no le quedaba más remedio que huir, y que sería cuestión de meses, quizá de días. Estaba en permanente contacto con su gran amiga Libertad Blasco Ibáñez, hija de Don Vicente, y tenía las maletas preparadas para cuando ella diera la señal. Obviamente, esto lo mantenía en secreto. No quería preocupar a sus hermanos ni a su padre.

Su padre, Don José de Cantos de las Atraviesas. Qué lejos quedaban los tiempos en que fue un influyente personaje de la vida social y política de El Escorial. Sevillano de la calle Sierpes, fue el primer Perito Industrial de España, número uno de la promoción de 1897, gesto que reconoció su admirado Gran Maestro (Así lo llamaba él) Santiago Ramón y Cajal, dedicándole una fotografía: “Al primer perito electricista que ha salido de las aulas españolas”. Por cierto, una fuerte amistad que no logró ni que mi bisabuelo estudiara medicina (salió vomitando de la primera práctica a la que le invitó Don Santiago, exactamente igual que le ocurrió a mi abuelo, bastantes años después) ni que se aficionara a la fotografía, auténtica pasión del ilustre científico… Pero creo que me vuelvo a desviar con historias que nada tienen que ver con la Guerra Civil. Retomemos el tema.

Un domingo de Mayo, reunida toda la familia en Ciudad Lineal, mi bisabuelo hizo un anuncio solemne: quería hacer un regalo a cada uno de sus hijos. Era un personaje extraño, que había perdido grandes dosis de sociabilidad cuando de manera inesperada, en 1916, decidió apartarse de toda vida social y entregar el testigo a su hijo mayor, Paco. Y que se había recluido completamente en “su mundo” desde 1929, cuando murió su mujer, Teresa Arsenia Abad Vizmanos. En estas circunstancias, los cuatro hermanos se quedaron más extrañados de aquello. La única explicación posible es que también él diera por perdida la Guerra, y que hiciera un paralelismo entre esta y su vida: nada más podía esperar de este mundo, tal y como estaban las cosas. Y si le quedaba algo que transmitir, ese era el momento.

La primera en recibir su regalo fue mi tía Arsenia. Su única hija, delicada pianista y soprano, que truncó su carrera para cuidar a su padre viudo, debía recibir algo especial. Le dio las joyas que le quedaban de su madre y de su abuela, algunas de gran valor (decía él) por ser heredadas directamente del Marqués de Cubas, porque… Vaya, vuelvo a mezclar historias. El segundo fue mi abuelo Pepe, su hijo pequeño. Estudioso y devorador de libros, recibió la Enciclopedia Espasa, la mayor recopilación intelectual escrita en español hasta nuestros días. Tengo que decir con orgullo que ahora la conservo yo. El tercero fue su hijo Joaquín, que se emocionó al ver que recibía el tesoro que más apreciaba mi bisabuelo: la fotografía dedicada de Don Santiago Ramón y Cajal, así como otros documentos y fotografías de la época. Para mi tío Paco, su hijo mayor, tenía preparado un regalo muy especial. Se levantaron los dos y se fueron al despacho de mi bisabuelo, y estuvieron conversando durante más de dos horas. Cuando salieron, los dos transmitían paz y serenidad. Mi bisabuelo, como solía hacer cuando ya no quería tener más visitas, adelantó su reloj de bolsillo e indicó que “Ya es tarde. Hasta mañana”. Se marchó a su habitación.

Cuando se quedaron a solas, los tres hermanos menores avasallaron a Paco. ¿Qué le habría dado? ¿De qué habían hablado? Paco no les dijo nada. Sólo les mostró el regalo: una escuadra y un compás.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por matilde el Dom 26 Dic 2010, 01:51

Madre del amor hermoso¡¡¡

gracias Dasten por obligarme casi a leer,:disimulo2:
gracias Jarm por devolverme mi identidad

leeros es emocionante,
no Dasten, no es a tí,
hay que explicarlo toico...

cielo santo Fernando¡¡¡,
tú tienes un don,
eres consciente de ello verdad?
hacía mucho que no encontraba esa calidez en un párrafo
verdades tan crueles tratadas con inmensa ternura

Gracias por vuestro tiempo.

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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Perico_pelao el Dom 26 Dic 2010, 23:04

He encontrado este texto con la descripción detallada de los fusilamientos del España nº3.
http://ladruida.com/historia/?p=387
Nuevamente sin animo de entrar en temas políticos, pero me parece un relato interesante, al igual que las fotos.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Mar 28 Dic 2010, 21:48

matilde escribió:Madre del amor hermoso¡¡¡

gracias Dasten por obligarme casi a leer,:disimulo2:
gracias Jarm por devolverme mi identidad

leeros es emocionante,
no Dasten, no es a tí,
hay que explicarlo toico...

cielo santo Fernando¡¡¡,
tú tienes un don,
eres consciente de ello verdad?
hacía mucho que no encontraba esa calidez en un párrafo
verdades tan crueles tratadas con inmensa ternura

Gracias por vuestro tiempo.


Bufff...

Muchas gracias Matilde, pero no digas más porque no me voy a atrever a escribir más... Que quizá te decepciono...

Es muy sencillo escribir de algo que conoces, o te han contado muchas veces, o que tienes bien documentado. Como ya dije antes, a mí me es todo más fácil gracias a la ayuda de mi madre, que me ha facilitado mucha información. Aunque para el próximo "capítulo", no sé... No le va a gustar... Voy a tener que cambiar nombres y lugares...

A ver si me animo, tengo un hueco y lo escribo mañana.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Dasten el Mar 28 Dic 2010, 22:36

Cheer Cheer Cheer FERNANDO Cheer Cheer Cheer FERNANDO Cheer Cheer Cheer FERNANDO Cheer Cheer Cheer

P.D. Esto es para animarte! Je
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por E.Maria el Mar 28 Dic 2010, 23:18

Animo también, que te leo aunque no comente nunca,( ya dije por qué)
Cheer Cheer
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

Mensaje por Fernando el Jue 30 Dic 2010, 13:28

Vale...
Me pongo ahora mismo a ello. Pero tengo que advertir que voy a cambiar lugares, nombres y a "hacer literario" el próximo post, porque me arriesgo a cadena perpetua, y hay muchos detalles de los que no tengo pruebas, solo suposiciones...

Así que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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Re: Vivencias y recuerdos de la Guerra Civil

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